¡Como han cambiado los tiempos!

Recordamos nuestros años infantiles donde el frio nos atenazaba el cuerpo y solo con los pantalones cortos y si acaso unas medias de lana mala, pero ninguno podíamos decir que hacía frío al profesor porque enseguida se nos quitaba ¿cómo?, sencillamente te mandaban dar diez vueltas al patio del colegio, con lo que el calor estaba asegurado.

Tampoco podíamos ir a nuestros padres a llorar por el frío porque ellos lo habían pasado mucho peor...ahora es diferente, si los tiernos infantes no tienen calefacción en la escuela, los padres se presentan a llamar la atención del director del centro y algunos hasta recibe una paliza, según las zonas que se trate.

Esta mañana cambiando impresiones con una buena amiga sobre el tema, nos contaba que ella era oriunda de la sierra norte de Sevilla, donde las temperaturas bajan en pleno invierno hasta 3º bajo 0 y entonces los padres en aquellas fechas consiguieron que los colegiales portaran una especie de anafe portátil con carbones encendidos en la parte inferior y la comida encima, con lo que cumplía dos funciones: mantener caliente la comida y calentar al menos las piernas del niño o niña.

Pero ahora o tenemos calefacción central en los colegios o montamos la Dios en Cristo y no digamos nada si este sistema se estropea, entonces la integridad de los docentes peligra rápidamentey lo mismo ocurre nada mas que comienza los primeros días de calor.

Todo esto forma parte de la comodidad de los tiempos modernos...pero ¡cuanto hemos sufrido los colegiales antiguos!