La Torre de la Plata pasa desapercibida a los ojos de los visitantes que llegan a nuestra ciudad, pero tiene una belleza propia del tiempo en que fue construida.

Es difícil determinar la época de su construcción, pero evidentemente es posterior a la reconquista de Sevilla y para ello conviene recordar que la muralla corría en dirección de Norte a Sur, de la que aun quedan restos, como el Postigo del Aceite, la que fue de 1585 a 1868 la Casa de la Moneda, que se construyó en la Huerta de las Atarazanas, para dejar sitio a la construcción de la Lonja, hoy Archivo de Indias.

Esta muralla, que era casi recta, pasaba por entre las casas de la acera derecha de la Calle Aduana, donde hoy se encuentra la Delegación de Hacienda y en la otra acera el edificio de la Maestranza de Artillería y detrás el Hospital de la Santa Caridad, siguiendo por la calle Aduana, los almacenes del azogue para las Indias, hasta terminar en el espolón de muralla que partiendo del Arquillo de la Plata, venía a finalizar en la Torre del Oro de todos conocida.

Poco después de conquistada la ciudad por las armas cristianas, construyó Alonso el Sabio, hijo de Fernando III, el Santo, la referida Torre de la Plata y el arco de su mismo nombre.

Posiblemente la Torre de la Plata sirvió de vivienda al alcaide  de las Atarazanas reales, porque al pie de ella mandó poner el Rey Sabio la losa con la inscripción conmemorativa de aquella famosa obra, que hoy se puede contemplar bajando hacia el río en dirección a la Torre del Oro, en la calle Santander a la izquierda.