En el siglo XIII, cuando Fernando III de Castilla, santo, reconquistó la ciudad de Sevilla (año 1248) con la decisiva colaboración del Reino de Granada, apareció una imagen en una pintura mural en una mezquita de dicha ciudad, que posteriormente pasó a ser templo cristiano (nave derecha de la Catedral de Sevilla).
Cuenta la leyenda que una noche, durante el asedio a la ciudad de Sevilla, el rey Fernando III de Castilla, estando en el campamento, se postró ante la Virgen de los Reyes para pedirle auxilio. Siendo entonces cuando la Virgen lo llamó por su nombre y le dijo: "Tienes una constante protectora en mi imagen de la Antigua, a la que tú quieres mucho y que está en Sevilla", prometiéndole la victoria. Después, un ángel le hizo penetrar en la ciudad hasta llegar a la mezquita principal en cuyo interior le fue mostrada la pared que la ocultaba, que se volvió trasparente, tal como el cristal, y Fernando III pudo contemplar la imagen de la Virgen tal como había sido pintada siglos atrás.
El mismo ángel le orientó para volver al campamento, al que llegó sin menor sospecha e ileso.
Pocos días, tras la rendición de la ciudad, Fernando III de Castilla entró en Sevilla el 23 de noviembre de 1248, en la fiesta de San Clemente. Por ello el primer monasterio que fundó fue uno con este nombre, que desde entonces lo mantiene la orden del Cister. Coincidió esta efeméride con el cumpleaños del príncipe D. Alfonso (futuro Alfonso X el Sabio).
La iconografía usada para representar a esta Virgen de la Antigua, es aquella con la cual está representada en la imagen, de influencia bizantina, de la ciudad de Sevilla:
La Virgen se encuentra en pie y posición frontal, vistiendo túnica y un manto que le cubre completamente la cabeza. Su rostro, de mirada al frente, aunque levemente girada hacia el Niño Jesús en una amable actitud.
Sostiene delicadamente en su mano derecha una rosa, mientras carga en su brazo izquierdo al Niño, que juega con el jilguero.
Sobre la cabeza, dos ángeles se disponen a coronarla, en tanto otro ángel, más arriba, extiende una cartela en la que se lee la frase evangélica "Ecce María venit ad Templum" en una alusión a la festividad de la Purificación.
A los pies de la Virgen se encuentra una mujer orando de rodillas.
El fondo de la imagen es dorado, adornado con un fino tapiz geométrico de motivos estrellados.
Dicen algunos historiadores que Cristobal Colón la pidió al clero de Sevilla para llevarla a Nuevo Mundo y lo acompañó en el viaje convirtiendose en la primera imagen de la Virgen que llegó al continente hermano.
Tambien cuenta la leyenda que unos cristianos procedentes de Israel la trajeron y contaban que era el original de la Virgen pintado por un artesano.

Teresa Santomil
6 nov 2011 | 12:01 PM
¡ummm... esto si huele a leyenda.
¿ para cuando el duende ? Señor serio.