En el recinto que se escogió en Sevilla para el magno acontecimiento de la Expo´92, estaba el Monasterio de la Cartuja, cargado de historia, que incluso Colón estuvo enterrado por un tiempo en él.

Con la desamortización de Mendizabal y con el abandono de La Cartuja por parte de los monjes, se convirtió en fábrica de lozas, siendo muy famosas las vajillas y otros enseres de porcelana que salieron de las manos de aquellos artesanos únicos, casi todos de Triana y que hoy se consideran piezas únicas en el mundo con un valor incalculable.

El edificio en sí se iba deteriorando por el distinto uso que se le daba, tal es asi que en la capilla de novicios que se encuentra a la derecha según se entra se convirtió en secadero de lozas despues de pintadas y antes de entrar en los hornos.

Los niños ibamos a divertirnos por aquellos andurriales, jugábamos y lo mas que nos encontrábamos era un par de burros como se puede apreciar en la foto de primeros de siglo. En invierno en los días buenos de sol se llenaba de familias que se desplazaban junto al monasterio, ya fabríca de lozas, a divertirse y a pasar "un día de campo", porque era lo más cercano que existía de Triana donde poder solazarse en los festivos soleados. A todo lo largo de sus tapias las gentes se sentaban, cantaban y bailaban, mientras un carro tirado por un borriquillo iba ofreciendo el buen vino del Aljarafe...el vendedor era un tal Marcelino, que posteriormente abrio un bar en la Plaza de Chapina y en la pared existió durante muchos años la estampa de él mismo vendiendo el vino en las tapias de la Cartuja de Sevilla.

La primera foto la hizo este Gallo con su primera cámara y no existía aun el color. En la foto antigua daguerrotipo, podemos ver los borriquillos de cargas procedentes de las huertas de las orillas del Guadalquivir y el artilugio que colocaron para sujetar el dintel de la puerta de entrada ya que estaba muy deteriorado y como la podemos ver hoy en día.

Dentro de aquel recinto en la parte más noble vivia la familia PICKMAN, que procedían de Inglaterra. Aun recordamos el gran comedor que fue despacho del abad del cenobio con su alta chimenea de leña, completamente enrejada ya que una hija de los dueños de la fábrica tuvo la desgracia de quemarse en ella y fallecer, se le colocó una reja y no se volvió a encender jamás.

Hoy en día la fábrica va de mano en mano, en un tiempo fue de Ruíz Mateos, después estuvo en manos de un especulador y estos días sus trabajadores luchan por sobrevivir como cooperativa en la fábrica de la localidad de Santiponce, junto a las Ruinas de Itálica, pero con un futuro incierto si no les compran sus caras vajillas, aunque se pueden encontrar piezas muy interesantes para decoración.

Y volviendo a la Cartuja, los que visiten Sevilla pueden ver restaurado todo el monasterio de La Cartuja sevillana y deleitarse con las obras de "arte" contemporáneo que se exponen, pero recomendamos llevarse aspirinas para el dolor de cabeza...¡bueno igual a alguien le gusta!...el libro de los gustos está completamente en blanco.