Los que peinamos canas recordamos aquellas filas de seminaristas los domingos cuando salían a pasear, filas interminables con aquellas becas rojas que el vulgo llamaba "los bichitos de luz", por la semajanza con aquel insecto.

Las puertas de los seminarios se abrieron de par en par cuando pasó la guerra, porque era el único lugar donde los jóvenes podían estudiar y además comer que era lo más importante, pues en aquellos tiempos de escacez, no morirse de hambre era primordial.

Algunos cuando terminaban sus estudios, antes de recibir las últimas órdenes, se despedían del seminario, mientras otros perseveraban, creyendo erróneamente que su vocación era lo mas bello en su panorama eclesial.

No tardaron en saber que habían cometido un  error, al ver a compañeros de seminario que se habían casado y disfrutaban de sus hijos, otros desobedeciendo la ley del celibato tuvieron hijos que ocultaron sistemáticamente, otros cayeron en enfermedades sicosomáticas y ahí están, quedando solo el porcentaje que normalmente tiene vocación, es decir pocos.

Llegaron los tiempos de bonanza económica y el resurgir en España y muchos abandonaron el sacerdocio y otros a la luz del Concilio Vaticano II, quisieron hacer otra vida sacerdotal mas clara y optaron por salirse trabajar y crear una familia, existiendo en estos días muchos sacerdotes casados, los cuales tengo la dicha de conocer y que habrían sido magníficos párrocos entregados a su feligresía, pero esto la Iglesia se ha negado siempre a permitirlo.

El resultado de todo han sido seminarios vacios, nulas vocaciones y jóvenes que ni siquiera se plantean una vida para el sacerdocio.

Ayer noche proyectaban un documental del Seminario de Sevilla y lo primero que se podía observar era la carencia de alegría en sus rostros, personas que no han tenido otra salida en la vida, a pesar de sus negativas a decirlo al entrevistador, (ahora no son faltas de alimentos o estudios), ahora son  diferentes: jóvenes con una piedad inusual en estos tiempos, misóginos, otros que se van a acomodar a la situación, otros porque su sexualidad tiene que ser reprimida (cosa totalmente errónea), y un bajo porcentaje de verdadera vocación.

Los obispos y formadores con tal de presentar una normalidad, han hecho durante algunos años la vista gorda ante las carencias que muchos aspirantes tenían, daba igual, con tal de ordenar todos los años a diez o doce, de tal forma que parecía un número clausus de sacerdotes y de ingresos.

Ahora en todos sitios se ha venido abajo, menos nacimientos, mas libertad de los jóvenes, no es atrayente la vida en un seminario, son muchas las causas de la sequía vocacional.

En este estado de cosas la Iglesia para conservar su esplendor y sus servicios a los creyentes puede caer en la tentación de ofrecer a los jóvenes de otros países menos desarrollados la entrada fácil en los seminarios y también a muchos jóvenes desempleados o carentes de recursos de sus familias.

Con motivo de la JMJ de Agosto en Madrid, el Cardenal Rouco dice tener esperanzas. Acudirán jóvenes de muchos países, con viajes y estancias pagadas por Kikos y Opusdeistas, sobre todo de América del Sur, países en donde estudiar o comer es algo dificil cada día y por eso ha lanzado la idea de que las vocaciones se van a aumentar a partir de la venida del Papa a Madrid, posiblemente la oferta de vivir en un primer mundo. Tambíen otros prelados, como el de Sevilla, han dejado ver esta posibilidad y por ello están arreglando el seminario menor.

Ahí de nuevo la Iglesia va a caer en el gran error del siglo pasado, porque muchos con tal de salir de su ambiente de angustias y carencias van a quedarse en España o volveran a los pocos meses para instalarse en los seminarios y cuando estén afianzados en nuestra cultura no necesitaran a la Iglesia para su sustento, esto mismo hemos visto en los distintos institutos religiosos, que una vez conseguida la nacionalidad española han abandonado los conventos.

Al final pan para hoy y hambre para mañana.

La cuestión es cambiar los esquemas eclesiales, algo que la Iglesia Católica no está dispuesta a rectificar.