La resurrección corporal es una de las formas posibles de ser inmortal, pero en la historia de las culturas no siempre ha sido la más obvia. En Israel la idea de la resurrección se aviva a partir del
destierro en Babilonia, frente a la masacre causaba por los babilonios en la destrucción de Judá, de Jerusalén y del Templo:
"Entre ruinas han quedado mis hijos porque pudo mas el enemigo que nosotros" (Lm 1,36).
De esta realidad injusta de muerte y de dolor va a brotar el concepto de resurrección. La muerte de aquellos que no debían morir y que son asesinados por su fe será el detonante final:
" Tu criminal, nos priva de la vida presente, pero el Rey del mundo nos resucitará a una vida eterna, a nosotros que morimos por sus leyes" (2 M 7,9-14).
Al asesino que destruye la corporabilidad hay que responderle con una corporabilidad resucitada.

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