Desde que el hombre es hombre, ha tenido la intuición de que la vida, de alguna manera, no termina con la muerte. Los más antiguos testimonios arqueológicos de la humanidad son precisamente las tumbas, en las cuales podemos descubrir la idea que las diferentes culturas tenían del más allá.
¡Cuántas teorías ha inventado el hombre! ¡Cuántos experimentos ha hecho! Proliferan libros, novelas y revistas desde las más inocentes hasta las más terroríficas, pasando por la ciencia-ficción que aparentando solidez científica, no hace sino descubrir su falsedad.
La realidad es que nuestros esfuerzos por investigar lo que sucede después de la muerte son por demás frustrantes. Podemos decir que todo queda en especulaciones, algunas totalmente equivocadas o fraudulentas, que no explican nada ni consuelan a nadie. No sabemos prácticamente nada.
Toda la Sagrada Escritura nos enseña, pero especialmente el Nuevo Testamento nos descubre el sentido de la vida y de la muerte y nos hace atisbar lo que Dios tiene preparado para nosotros en la eternidad.
Lo primero que debería asombrarnos es que Dios, el eterno por antonomasia haya querido compartir nuestra naturaleza humana hasta el grado de sufrir El también la muerte.
Jesucristo no vino a suprimir la muerte sino a morir por nosotros. "Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil.2:8). El misterio de la Cruz nos enseña hasta qué punto el pecado es enemigo de la humanidad ya que se ensañó hasta en la humanidad santísima del Verbo Encarnado.
En su vida pública, el Señor Jesús se refirió de muchas maneras al momento de la muerte y su tremenda importancia.
En aquella ocasión en que los Saduceos, que ni creían en la otra vida, le preguntaron maliciosamente de quién sería una mujer que había tenido siete maridos cuando ésta muriera, Jesús les contestó: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, Pero los que sean juzgados dignos de entrar al otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no se casarán. Sepan además que no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues El los ha resucitado" (Lc,20:34-36)
Cuando murió su amigo Lázaro, ante la profesión de fe de Marta, el Señor dijo: "Yo soy la Resurrección. El que cree en Mí, aunque muera vivirá. El que vive por la fe en M í, no morirá para siempre" (Jn. l1:25)
Hay que tener en cuenta que cuando Jesucristo habla de la vida, en ocasiones se refiere explícitamente a la vida del cuerpo, que promete será restituida con la resurrección de la carne: "No se asombren de esto: llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán mi voz. Los que hicieron el bien, resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal, resucitarán para la condenación" (Jn.5:29).
En otras ocasiones, en cambio, se está refiriendo a la Vida de la Gracia o sea a la participación de su propia Vida Divina que nos comunica por amor.
Ejemplo de esto es el sublime discurso del "Pan de Vida "que San Juan nos transcribe en su capítulo sexto: "yo soy el Pan vivo bajado del Cielo; el que coma de este Pan, vivirá para siempre" (Jn.6:51). Y más adelante, en el versículo 54 nos hace esta maravillosa promesa: "El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día".
Así, el cristiano sabe que la muerte no solamente no es el fin, sino que por el contrario es el principio de la verdadera vida, la vida eterna.
En cierta manera, desde que por los Sacramentos gozamos de la Vida Divina en esta tierra, estamos viviendo ya la vida eterna. Nuestro cuerpo tendrá que rendir su tributo a la madre tierra, de la cual salimos, por causa del pecado, pero la Vida Divina de la que ya gozamos, es por definición eterna como eterno es Dios.
Llevamos en nuestro cuerpo la sentencia de muerte debida al pecado, pero nuestra alma ya está en la eternidad y al final, hasta este cuerpo de pecado resucitará para la eternidad. San Pablo (Rom.8:11) lo expresa magníficamente:
"Mas ustedes no son de la carne, sino del Espíritu, pues el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tuviera el Espíritu de Cristo, no sería de Cristo. En cambio, si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo vaya a la muerte a consecuencia del pecado, el espíritu vive por estar en Gracia de Dios. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales; lo hará por medio de su Espíritu, que ya habita en ustedes".
El cristiano iluminado por la fe, ve pues la muerte con ojos muy distintos de los del mundo. Si sabemos lo que nos espera una vez transpuesto el umbral de la muerte, puede ésta llegar a hacerse deseable.
El mismo San Pablo, enamorado del Señor, se queja "del cuerpo de pecado" pidiendo ser liberado ya de él. "Para mí la vida es Cristo y la muerte ganancia" (Fip.1:21) "Cuando se manifieste el que es nuestra vida, Cristo, ustedes también estarán en gloria y vendrán a la luz con El" (Col.3,4).
Te entiendo cuñada, se lo que estas diciendo en estos momentos de tu adios definitivo..¡Me habría gustado ver a Martín, a Victor a Carla... mayores, con sus cosas de jóvenes.....que todo lo que te he dicho teológicamente está muy bien, pero que es injusto dejar atrás a tus dos hijos, a tus tres nietos...se que los hombres hablamos mucho de teología, que teorizamos en el momento del dolor y la muerte, pero debes tener la seguridad de que siempre te recordaremos...estarás presente....aquellas comidas en S´Stanyol, o en Goya....aquella ultima visita al Castillo....aquellas vistas de la Bahía.
Has sufrido...eso es lo más injusto para mi aun siendo creyente, porque el dolor no lo entiendo, ya sabes que yo mismo no lo soportaba cuando mi enfermedad. y muchas veces interpelé a Dios...muchas veces ¿por qué a mi?....tus hijos y mi cuñado pensaran igual, tus nietos aun son demasiado pequeños para entenderlo...pero te recordaran...tenlo por seguro.
Solo espero que cuando encuentres a Angelines, tu amiga, le digas que aun este año la esperan en el Puente de Triana los costaleros de su Hermandad, le das las gracias por la comida que nos ofreció la última vez que nos vimos todos y por favor preparad una sofrito mallorquin con todas sus cosas para que el día del banquete final podamos festejarlo todos juntos.
A todos: tu marido, tus hijos y sus esposas, tus nietos, tus hermanos, tus sobrinos ¿qué puedo decir cuñada?...tu ya sabes la respuesta de lo que pensamos teológicamente.
AMEN

Vinicius
16 feb 2011 | 02:33 PM
Gallo
siento lo de tú cuñado.
Como lo haces público, aquí me apunto yo también,
Nacer, morir
ambos separados por toda una vida pero tan cercanos en cuanto a la experiencia, supongo.
Nadie nos ha comentado la experiencia del nacimiento. Salir de un ambiente cálido y protector a un ambiente nuevo y hostil. ¿Por qué?¿Para qué?¿Vivir simplemente la experiencia del bien y del mal?¿Por qué?¿Para qué?.
Al final parece que con la vida nos están gastando una mala pasada, todo esto para esto; nadie nos dice de dónde venimos y sí que nos apuntan hacia dónde nos dirigimos.
Pero en el aire queda siempre la duda: ¿Qué les habrá pasado a aquellos que nacieron antes de Moises y no tuvieron conocimiento de las tablas de la ley?, o los que no han conocido las enseñanzas del maestro. ¿Dios no es amor?
Al final quizá sólo se trate de encontrar la ansiada paz a través de creencias.
Y, ¿Cómo determinamos qué creencias son las mejores para llegar donde dicen que estaremos mejor?¿Las que prometen más como los charlatanes de feria?¿Las que nos han inculcado en la cultura que hemos nacido?¿Las que más vibren en sintonia con el corazón de cada uno?
A veces, quizá rechacemos lo del libre albedrío, con lo cómodo que sería que me obligasen a seguir un camino sin pasarme un ápice
Como poco, siempre nos resulta sumamente difícil hacerlo fácil.
teodoro-gallo
16 feb 2011 | 03:00 PM
Gracias
gabriela
17 feb 2011 | 12:18 AM
Pienso que las personas viven mientras sean recordadas. Así de simple. Las cosas simples son las que vivimos de mejor manera.
Antiguamente se recurría a los retratos, hoy tenemos las fotografías, los videos, para recordar momentos maravillosos vividos junto a la familia y amigos, y para más tarde contarles la historia a los niños pequeños, para que siga el recuerdo, siga la vida.
teodoro-gallo
17 feb 2011 | 06:00 AM
asi es, mucha sgracias "gabriela" por tus palabras.