Siempre es una delicia leer al cronista sevillano Abel Matutes, porque uno va descubriendo sucesos de su propia ciudad que desconocía o estaban ese cajón de sastre que es el "olvido".
Ahora en Sevilla hay mucho amor a los perritos, muchas casas sevillanas los tienen y los cuidan, otros por desgracia los abandonan y uno no es que sea muy dado a acojer un perro en casa, pero considero que se debe tener dignamente porque al fin y al cabo es un ser vivo.
No solo en el extranjero, que en eso nos llevan ventajas, existen ya sociedades protectoras de animales para cuidar de ellos. En Sevilla en el siglo XVIII, existió un hospital perruno, y esto muchos lo ignoran en Sevilla.
En el año 1763, se dio una enfermedad que atacaba a los perros, de tanta violencia que en un par de días morian.
El principio no llamó la atención, pero en Abril y principios de Mayo una mañana amaneció con muchos perros muertos en las calles, las cosas se pusieron serias.
Las autoridades se preocuparon de que aquella enfermedad fuese contagiosa para los humanos, dado que las condiciones hihiénicas en aquellas fechas no eran todo lo buena que deberían haber sido.
D. Ramón Larrumbre, asistente de la ciudad (hoy sería el alcalde) se dirigió a la Socidad de Medicina el 26 de Mayo a fin de que opinaran del asunto por si estaba en riesgo la salud pública.
El Ayuntamiento se encargó de enterrar a los canes muertos a extramuros de la ciudad y nombraron una comisión para que ayudasen a los doctores en sus trabajos.
La Real Sociedad de Medicina que nació en Sevilla en 1697, que estaba situada en la calle Levies, en plena judería, acordó que en unas habitaciones que tenían libres, trajesen a los perros con el fin nde estudiarlos y sanarlos, con lo que se convirtió aquello en el primer hospital perruno del mundo.
Los perros estaban, dice Maute en sus anales, estabn muy bien asistidos y los separaron por departamentos según el grado de enfermedad, se nombraron enfermeros y los doctores se pusieron manos a la obra.
Hay que consignar que los tratamientos fueron un acierto de los doctores, de tal modo que las defunciones perrunas comenzaron a bajar de intensidad, con alegría de sus dueños que volvían a sus casas muy contentos con los animales que habían visto en peligro.
La epidemia desapareció a fines de Julio y Agosto, y los doctores dictaminaron que el mal no era contagioso para las personas y dieron el siguiente diagnóstico: "Un catarral maligna con ofensa a los pulmones"...lo que años después dijeron era "el moquillo" y las trabajos en la enfermedad quedaron mas tarde insertados en la Sociedad de Medicina en el tomo VI de sus Memorias.
En el año 1764, los sevillanos se mostraron muy humanizados con la raza canina, hasta 1812, que se mandó por un ordeno de un bando que se matasen sin contemplaciones cuantos perros vagasen por la ciudad.

migueltesorillo
5 may 2011 | 06:35 PM
Los perros son obra de Dios. E duo cogerles cariño.