Ya sabemos por la historia y por muchos libros como terminaron la mayoría de los protestantes en sevilla, unos quemados y otros huidios..No creemos que exiasta en España una ciudad donde mas se les persiguió, incluso años antes de inaugurar la Feria de Abril en el Prado de San Sebastián justo donde se encuentra la estatua del Cid Campeador estaba la pira fatal de la Santa Inquisición y donde murieorn muchos, otros fueron ajusticiados en el campo de Tablaba.

Cuando ya parecían extinguidos en Sevilla los protestantes que tanto persiguieron en el siglo XVI, se rumoreaba por la ciuda de que los reformadores intentaban de nuevo promover sus enseñazas y ante el temor que volvieran los tiempos de Cipriano Valera y de Egidio, los señores del Santo Oficio comenzaron de nuevo las persecusiones.

Llegó a la ciudad un portugués que se llamaba Perea, un tipo listo y cuyas ideas religiosas eran un tanto sospechosas.

Perea era un aventurero y un valentón y no tardó en ponerse en contacto con  gentes de baja ralea, para buscar los medios para ir viviendo sin trabajar y dedicose embozado por las esquinas de noche a hacer propaganda del luteranismo...en un terreno como Sevilla "la ciudad de las siete mil Vírgenes", que no estaba ni está preparado para aceptar nuevas enseñanzas.

Reunió Perea algunos adeptos, gente de poca monta y no tardó mucho en llegar a los oidos de la Inquisición los manejos del portugués y en los comienzos de 1636 decidieron apresarlo.

Una noche se presentaron los inquisidores en su casa, donde lo sorprendieron en una habitación. Perea no opuso resistencia alguna, muyh al contrario fue mesurado y prudente, pero a los esbirros del tribunal les pidió que esperaran porque tenía una imperiosa necesidad que nadie podía sustituirle.

Fuese Perea a la letrina y pasaron unos minutos y hasta un cuarto de hora y viendo los de la "vela verde" que ya tardaba demasiado y que no contestaba a las voces que le dieron entraron a tropel en el recinto oloroso y se dieron cuenta de que el pájaro había volado por una ventana que estaba abierta, la cual daba a un callejón oscuro.

Los inquisidores salieron chasqueados y furiosos y los siguientes dias hicieron muchas indagaciones y nada.

El día 23 de Agosto de 1637, celebró la Inquisición un auto de fe en la plaza San Marcos y en el mismo se leyó la causa de Perea, el cual era condenado a ser quemado vivo.

Pero como el portugués no se hallaba a mano los inquisidores se conformaron con quemar una estatua de cartón y paja.

Perea que se marchó a Holanda pasó por la historia como uno de los muchos que burlaron al tribunal con maestría por un retorcijón de barriga cuando ya lo tenían en sus garras.