Estos días anda el Gallo rebuscando en sus archivos cosas de los personajes y personajillos eclesiales porque de toda la vida han existido y existen sinvergonzones metidos a "piadosos".
Cuentan las crónicas, mas concretamente en los Anales (que no es de ano) Eclesiásticos y Seculares de la muy noble y muy Leal Ciudad de Sevilla, que en siglo XVII, en sus comienzos, apareció un sujeto a quien todos conocían (eso decían), que se llamaba Juan de Jesús María, que iba por las calles con hábitos de tercero o ermitaño y que con mucha humildad pedía limosnas para las huérfanas.
Eran un pacífico y tan "santo", un hombre mayor de cincuenta años, y así pues entraba y salía de muchas casas con confianzas y reunía diariamente una buena cantidad en limosnas que empleaba, según él, en las obras de caridad "con sus huérfanas".
Así anduvo el pedigüeño de huerfanas durante varios años, tanto que llegó a ser muy popular en Sevilla, sin que nadie sospechase otra cosa de él, mas que era un santo varón, temeroso de Dios.
¡Ay...ay con los santos varones!...que por muy disimulados que sean a la larga o a la corta son descubiertos y algo de esto fue a ocurrirle al hermano Juan de Jesús María a quien en 1623 la Inquisición le echó el guante y lo metió en prisión quitándole sus correrias callejeras pidiendo limosnas para las huerfanas pobres.
Los de la "vela verde" es decir los guardias de los inquisidores le dieron por seguirlo disimuladamente para ver donde estaban las huérfanas para las que pedía los caudales.
Juan de Jesús María en su verborrea pedigüeña había soltado por encima de su luenga barba varias proposiciones heréticas y varias blasfemias, en particular que "estaba tres veces confirmado en gracia", una por los pecados mortales, otra por los veniales y otras por las imperfecciones y dijo mas que "lo bautizó la mismisima Santisima Trinidad" y otra mas "Que el Ángel de su Guarda era nuestra Señora"..."que no tenía necesidad de la intercepción
de los santos ni de las imágenes que eran añagazas: Que Nuestro Señor le había concedido un Jubileo a San Francisco, que todas las personas que le dieran limosnas para que entraran dos hijas suyas a monjas no se habían de condenar jamás y dijo que mientras mas comiese o bebiese se sentía mejor para la oración, (asi que el hermano se ponía hasta la colcha de comidas caseras) que con los brazos comunicaba a las mujeres el Espiritu y amor de Dios y ni corto ni perezoso las abrazaba y apretaba contra su cuerpo y despues de manosearlas las besaba diciendoles que de él no se pegaba ninguna enfermedad de las mujeres porque estaba en estado de inocencia y que no tenía nada de la carne de Adán...etc...etc...con todo esto además hacía creer que era un candidato a los altares por ser muy santo y digno, cosa que puso con el bigote torcido a la Santa Inquisición.
´Las pesquisas de los inquisidores dieron con el refugio del santo varón en la cama con dos meretrices de la laguna de la Plaza de Molviedro, cuyas casas de putas eran propiedad de los canónigos y allí lo encontraron bendiciéndolas en desnudez y en decúbito supino con las nalgas al aire.
Cuando fueron a detenerlo aun tuvo la gallardía de decirle a los guardias: Que eran unas pobres mujeres que estaban haciendo penitencia entre sus muslos y que como estaban enfermas del mal de los ingleses (sifilis) el las curaba con su santo cuerpo.
Mal año fue para nuestro ermitaño, el 30 de Noviembre de 1924 en el auto público celebrado en la Plaza de San Francisco, fue condenado a 43 penitencias mas dos mas, o sea sufrir cien azotes de los mas enérgicos y a reclusión perpetua en un hospital o convento donde no comulgase nada que en las Pascuas, o para ganar algún jubileo en artículo de la muerte.
Juan de Jesús María fue paseado por las calles de Sevilla, de muy distinta manera de como lo había hecho en otros tiempos.

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