El clero sevillano ha sido y es muy numeroso, algo menos en estos tiempos, pero en otros eran muchos los prebendados que existían en él.

En el siglo XVI, anteriores y posteriores ser canonigo era un gran privilegio ante el clero y la ciudad y hasta tenían criados teniendo estos armas para la defensa de sus señores, les servían ricamente en su casas como a pequeños señores feudales.

Un mal día ocurrió en la Catedral un suceso luctuoso y de gran escándalo.

D. Diego de Ulloa, canónigo de la catedral sevillana y sobrino del Cardenal-Arzobispo D. Rodrigo de Castro, era un mal encarado que se había enfrentado con medio mundo y con el otro medio, incluso con sus compañeros de coro.

A quien mas enjundia tenía era al Arcediano de Niebla D. Alonso Álvarez de Córdoba, varón prudente, querido por todos, pero Ulloa no lo podía ver ni en pintura.

El Arcediano frecuentaba mucho la Catedral y el día 21 de Diciembre de 1595, se hallaba arrodillado junto a la reja del coro muy devoto rezando sus vísperas, a las que asistían tambien un buen número de fieles. En ese momento atravesó la nave D. Diego de Ulloa, orondo con su capa de coro y al ver al Arcediano arrodillado y muy devoto se fue para él y con mal talante le dirigió la palabra. Alzóse Alonso del suelo y allí mismo comenzó un vivo dialogo, en el que se recordaron todos los resentimientos y sacaron a relucir por las dos partes ropas viejas empleandose palabras impropias del lugar y de las personas que las decían.

De pronto el canónigo Ulloa montó en cólera y alzando el brazo dio una bofetada al Arcediano, el cual no se quedó atrás contestando con otra no menos contundente, los que estaban alrededor volvieron las caras y pudieron ver como las dos dignidades se abofeteban, se daban codazos, rodaron por el suelo dándose rodillazos en sus partes nobles y mordiscos en las manos.

Un hermano de Ulloa, también canónigo, al percatarse de la escena acudió en defensa de su hermano, cogió la espada de su criado y armado con ella y los criados con las espadas en alto se dirigieron al Arcediano para defenestrarlo para siempre y amén. Algunas de las personas sacaron sus aceros y se enfrentaron con los que iban a cometer tan sacrilega y brutal agresión.

Todo el templo andaba alborotado, las mujeres gritaban y los hombres tomaban partido y el Asistente de la ciudad estando presente en las vísperas tuvo que llamar a los alguaciles para ponr orden, los canónigos saltaron de sus bancos y tomaron al Arcediano y lo salvaron metiéndolo tras las reja en la tribuna del órgano y cerrando estas para evitar males mayores.

Los hermanos Ulloa y sus criados fueron obligados a salir del templo y mas tarde el Provisor de la ciudad mandó encarcelar a los primeros siendo conducido el Arcediano a su casa acompañado de un canónigo.

Al cabo de algunos dias ambos cotendientes hicieron las paces condenándoles a una leve pena.

Le impusieron que fiesen el dia de Año Nuevo a la procesión donde se gana las "recles" (tiempo que se permite a los prebendados estar ausentes del coro para su descanso), hoy nos los encontramos en la cafetería frente a correos.

Y si alguien duda de esto que el Gallo cuenta que pida permiso en la Audiencia de Sevilla y lea el informe secreto que el regente de la audiencia envio al rey y del que existe copia y que lleva la fecha de 27 de Febrero de 1596.