No acabamos de entender el porqué se demoniza al Concilio Vaticano II, sobre que en la Iglesia en los últimos tiempos se hayan dado casos de pederastia, de pornografía infantil, de abusos sexuales...etc...etc..

Los que odian al Concilio Vaticano les achacan  todos los males que ocurren en el mundo: que si la Iglesia se ha relejado, que si entra cualquiera, que tal o cual cosa..pero nosotros vamos a dar nuestra versión una vez consultados muchos libros de historia y de penas canónicas.

Hoy como ayer ocurren acciones sexuales en la Iglesia, es decir, que no hay nada nuevo, lo que ocurre es que hoy en día los medios de comunicación no son silenciados desde el poder eclesial y los titulares de prensa saltan por doquier.

En los siglos XV, XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, como en este silgo XXI, siempre han existido curas abarraganados con mujeres y muchos han tenido contactos sexuales con hombres y lo que es peor con niños, la historia está plagada de casos así y leyendo algunas actas de la Santa Inquisición se da uno cuenta de que a veces servían a algunos obispos jovencitos que les calentaban la cama y los hacían sus servidores sexuales.

Un caso ocurrió en Cadiz, un franciscano tenía como misión confesar a una ilustre señora de buen ver y el confesor la induj0 a hacerle una felación, pero ella muy asustada de ver el pene del confesor no se atrevía hasta que este le instó a que lo tomara en sus manos, así fue como comenzó una relación masturbatoria a la cual la feligresa no se podía substraer ya que aquel apendice la tenía absorbida y al final accedió a lo que el confesor le pedía, tal es así que posteriormente los testigos citaron los extasis en forga de grandes alaridos que sonaban en todo el templo u que el confesor lanzaba desde el confesionario en el momento propicio.

Pero todo tiene su final, un día la señora obsesionada con el confesor y sus extasis se adelantó a la hora convenida y al entrar en el templo escuchó al confesor en pleno grito de placer con otra feligresa y esta montó en cólera, volvió a su casa y se hizo de un cuchillo de grandes dimensiones, se dirigió a la parroquia y levantando la cortinilla del confesionario pudo ver "in situ" los placeres los que estaba sometido el "povre" religiosos, de tal forma que gritaba mas d eo normal y ella sin pensarlo dos veces le clavó el cuchillo con tal violencia que se doblño la hoja y aunque pudo matarlo solo lo dejó malherido y a continuación golpeó a la otra feligresa contra el suelo, con lo que el revuelo fue fenomenal.

El confesor fue condenado a abandonar Cádiz y embarcar hacia el Nuevo Mundo,  las dos feligresas fueron recluidas ambas en una casa de salud por sus propios maridos.

Como siempre el varón y confesor en este caso salió ganando porque allá en las Américas ya pondría al día a nuevas feligresas.

(Tomado de las Actas de la Santa Inquisición del siglo XVIII).