Hoy para los creyentes es un día de júbilo, en la liturgia rememoramos la Resurrección de Jesús, aquel hombre que hizo cambiar la historia, porque otra nueva vida había entrado por la fe en la humanidad.
Es el momento de cambiar el mundo, es el momento de escuchar, pero mucho me temo que no va a ocurrir.
La Iglesia se está volviendo sectarista, cuando se descubren cosas, salen a la defensa voces que en vez de defenderla la hunden mucho mas y crean más polémicas.
Ahora no solo tienen en contra a las personas que fueron abusadas por sacerdotes que cambiaron de lugar y que aun tenido conocimiento de ello, no los castigaron ni los expulsaron de la Institución, también han hecho que se pongan en contra todo el mundo judío, con las declaraciones del predicador del Vaticano.
No escuchan las voces autorizadas de los teólogos, que como nuevos profetas, les van diciendo el camino que la Iglesia debe llevar en este siglo XXI, porque la respuesta es destituirlos si son profesores, si son sacerdotes suspenderlos y secuestrar los libros a los autores católicos.
Creemos como Hans Küng, que un sector de la Iglesia lo que desea en verdad es quedarse en un "pequeño rebaño" una élite, aunque pierda muchos fieles, pero que se queden los "verdaderos" católicos, pero no se dan cuenta de que cada vez van quedando menos sacerdotes y hay menos vocaciones, por eso el sucidio de la Iglesia Institución es manifiesta, eso es convertirse en una secta, y el descrédito total, como ya decíamos hace 20 años sobre este asunto.
No han resucitado, aun cuando hayan rememorado la Resurrección de Cristo, creo que no entienden que es resucitar, cada vez se miran mas a sus propios ombligos y no se dan cuenta del daño que producen en las mentes de los mas jóvenes.
Las opiniones del Pueblo de Dios no las escuchan, están endiosados y se creen los mejores del mundo, creyendo que llevan la Barca de Pedro a buen puerto, cuando todo es lo contrario.
Estamos en el siglo XXI, no en el XV ó el XVI, que los hombres de hoy tendremos defectos, como los de aquellos siglos, pero que hay que adaptarse a este siglo y no quedarse varados en una playa perdida para convertirse en una isla desierta y yerma, porque eso no es el Espíritu vivificador que hoy en este Domingo de Resurrección nos debe iluminar.

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