No se trata de una leyenda, sino de hechos reales y probados, posteriormente llevados al cine y publicados, de eso no hace tantos años, pero resulta que muchos de los malagueños y gente de fuera están confundiendo la historia, porque en su día no la vivieron o solo la han escuchado contar a otros "gallos" de mi edad, creyendo que es una leyenda, y ademas a veces yo mismo he escuchado confundiendo los hechos con una montaña.

La montaña en cuestión,  es la que pongo en foto, tomada hace poco tiempo esta que está aquí, y dicen algunos que es conocida como "el cipote de archidona", pero de verdad es la "peña de los enamorados", que es una montaña con forma de rostro de mujer o de un indio acostado. Conforme uno se va acercando por la carretera a la localidad de Antequera la montaña se va perfilando en el horizonte con mas precisión, aunque se ve desde muchos kilómetros antes de llegar. Se dice mucho que Antequera es famosa por el Torcal, la Peña de los enamorados y los Dólmenes, y que Archidona es solo famosa por el "cipote", pero eso es por la rivalidad entre las dos localidades malagueñas. 

La historia ocurrió en tiempos del franquismo y ya os podeis imaginar que corrió de boca en boca, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta, aunque en Andalucía al llegar la democracia se escribió y se investigó por muchos escritores..

La verdadera historia del cipote de Archidona es la siguiente, documentada por una sentencia judicial, que este Gallo ha desempolvado (nunca mejor dicho) ya que los hechos fueron denunciados:

Ocurrió en Archidona, provincia de Málaga, el 31 de Octubre de 1971. Era ya de noche y en el cine del pueblo una pareja de novios disfrutaban viendo juntos una película musical de moda en la época. No ha quedado constancia de los motivos que incitaron a la protagonista a hacer lo que hizo, pero se sospecha que quizá la música, o alguna escena o incluso el encanto del momento propiciaron que ella tomara aquella decisión. Más tarde declaró que no sabía cómo ni porqué. Quizá a su novio no le sorprendió tanto que la mano de ella hurgase en su cremallera aquella noche, quizá ya era un hábito que habían adquirido e incluso una costumbre. Don A.A.M. (aparece así en la sentencia) debía de ser consentidor y hasta generoso. No opuso el menor obstáculo cuando a ella se le ocurrió comenzar los toqueteos, se dejó hacer complacido, probablemente arrellanado en el asiento, que debía de ser cómodo. No previó las consecuencias que el laborioso ejercicio de su acompañante, P.B.A, podía tener. Todo parece indicar que la voluntad de ambos se hallaba exclusivamente centrada en el goce. No hay dudas al respecto; la ejecución de ella fue espléndida. Debemos reivindicar no obstante el celo apasionado y la vehemencia desprendida con que remató tan delicada tarea.

El chaparrón seminal salpicó a los espectadores de la fila trasera e incluso a los de la posterior. Comenzaron los gritos de extrañeza, alguien encendió la luz, identificaron la naturaleza indudable de las manchas y se hizo el escándalo. La novia que enrojece al verse sorprendida in fraganti, el novio avergonzado que trata de ocultar sin conseguirlo el cuerpo del delito, un prestigioso industrial que se queja del espectáculo al ver que su terno recién estrenado ha sido víctima de la eyaculación, una señora de la alta sociedad archidonense que estalla en gritos de histeria tras descubrir gotas de semen en su cabello, y por todo el cine voces indignadas, insultos malsonantes, palabras de indecencia en las bocas de los afectados, preguntas sin respuesta y seguro que más de una sonrisa jocosa en labios comprensivos.

Don A.N.R. que en la fila delantera estaba, reclama la cantidad de 1223 pesetas, y su acompañante la cantidad de 3216 pesetas, precio en los que se han valorado sus ropas....además de la multa impuesta por el juez por indecentes.

Lo contado es real, como digo antes, y reflejados en una sentencia judicial que puede consultarse en el archivo de la ciudad, el caso fue llevado al cine.

"La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona".