Me da mucha pena que mi Iglesia sea tan artera con las personas humildes y creyentes.

Ahora entendemos el porque la Iglesia siempre va en contra de la ciencia, no la acepta y a veces en la historia a odiado a los científicos o descubridores de una verdad que la institución tenía por milagroso o portentoso.

Ahora estamos en el siglo que todo se descubre, manejamos el ADN de las personas como si ya fuese el primer libro que nos dieron en la escuela en el siglo pasado, ya no es posible seguir mintiendo para sacar buenos dividendos.

Santa Brigida una de las seis patronas que Juan Pablo II, promulgó y que se veneraba su cráneo como algo insólito, que dicha santa hablaba con Jesús de Nazaret y todo eso, pues resulta que su cráneo no es de ella, es de una mujer que murió siglos atrás y la que decían que estaba enterrada junto a ella que era su hija, pues tampoco, ni corresponde el ADN, ni tampoco son de la época en donde dicen que vivió Santa Brigida.

¿Qué necesidad tiene la Iglesia de mantener tantas reliquias en la Catedral de Colonia, que son totalmente absurdas e inadecuadas?

¿Qué necesidad tiene la Iglesia de que sus palabras sean desmentidas por un científico demostrandole a la Institucíon que ha mentido durante siglos?

¿Qué necesidad tiene la Iglesia de decir lo de la Santa Espina en multitud de lugares del mundo sabiendo que no es cierto?

¿Qué necesidad tiene la Iglesia de mantener la creencia de las personas de buena fe sobre los trocitos de cruces repartidos por todo el orbe si saben perfectamente que no es verdad?

Ya en este siglo XXI, la Iglesia debería investigar todas y cada una de las reliquias que en muchas iglesias existen para terminar con la superchería, dar la orden de desestimar las que no sean verdaderas y que quedarian muy pocas en el mundo que podrían arrojar alguna duda.

No es tiempo de seguir así por la mismas credibilidad eclesial y por el bien del Evangelio sano y puro.

Esas reliquias falsas no evangelizan, solo sirve de devociones populares que hacen mas daño que bien en las almas de las personas, pues ponen sus anhelos en ellos y en multitud de ocasiones las defraudan al no conseguir la sanación o la solución a sus problemas, quedando la Iglesia mal conceptuada.