Los "pastores" de Belén eran los pobres de hoy. Por el evangelio de Lucas sabemos que, cuando nació Jesús, un ángel del cielo se apareció a unos pastores, "que pasaban la noche al raso velando el rebaño". Y fueron aquellos modestos trabajadores los primeros invitados para ir al encuentro de Jesús (Lc 2, 8-12).
Los predicadores cristianos para ponderar lo mucho que Dios ama la pobreza y lo importante que es la pobreza hablan estos días mucho de los pastores en plan cursi. Lo cual es una solemne tontería. Porque la pobreza es una cosa horrible, es mala, es causa de indecibles sufrimientos, es humillante y es la expresión más dolorosa de las desigualdades que ensucian y pudren la convivencia social. Dios no quiere que haya pobreza. Ni puede querer que existan los pobres. Lo que Dios quiere es que todos los humanos seamos "iguales" en dignidad y derechos. Y, puesto que somos "diferentes" (unos más listos que otros, o más trabajadores que otros, o más honrados que otros...), es inevitable que se produzcan "desigualdades" sociales, culturales, económicas. Esto supuesto, el mensaje del Evangelio, al decir que los pastores fueron los primeros invitados para acercarse a Jesús, lo que nos viene a decir es que, puesto que las "diferencias" provocan tantas "desigualdades", Jesús considera que los primeros para él son los que están más abajo en la escala de las "diferencias". Para ir así acortando las "desigualdades". Las "desigualdades" no se acaban por decreto. Las "desigualdades" se van aminorando en la medida en que, quienes pueden hacerlo, se ponen de parte de los que están los últimos, en cuanto se refiere a las "diferencias" económicas, sociales, culturales, sanitarias y así sucesivamente. Por eso, sin duda, Jesús dijo, tantas veces, que los primeros se pongan los últimos. Para que los últimos vayan teniendo, también ellos, lo que tienen los primeros. Porque sólo así, mediante hechos patentes, los derechos de los últimos se convertirán en realidades tangibles. 
Como es lógico, los que, por el motivo que sea, estamos bien situados en cuanto se refiere a las "diferencias", nos resistimos con uñas y dientes a que el "orden" establecido, a base de "desigualdades", se convierta en " desorden". El "desorden" necesario para acabar con las "desigualdades". Y es que el problema y las resistencias para que eso suceda, no provienen sólo del egoísmo, el orgullo, la ambición, etc. No se trata sólo de un problema moral. Ese problema moral existe, no cabe duda. Pero tal problema se sostiene y se justifica por argumentos y razones que nos hemos buscado los afortunados de arriba. Para seguir arriba. Y seguir donde estamos con buena conciencia.
Muchos seguirán siendo pastores de los que se sientan al raso y otros que se dicen pastores seguiran viviendo en palacios ¿veis la diferencia?...una misma palabra echa por tierra el concepto de pastor....el que duerme al raso y el otro.

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