En un mundo en el cual el tipo de educación y el estilo de vida se orienta de manera unilateral a un saber técnico y verificable, Dios no tiene ningún sitio. La tentativa de introducile como suprema instancia de control no es nada prometedora psicológicamente y tampoco puede conducir a la fe en Dios, el Padre de Jesucristo, el Dios del amor. En el sistema de las ciencias empíricas y de los procedimientos técnicos del mundo no existe ningún vacío que Dios pueda llenar. Sólo para rezagados de la historia, que viven a destiempo en nuestros días, vale la imagen de un Dios tapaagujeros. Cada vez aparece mas la razón sobre las falsas imágenes de la fe. En la medida en que un saber técnico y una exclusiva atención a la causalidad con él correlativa vienen a constituir prácticamente la totalidad de la comprensión de la existencia, la pregunta por Dios carece de sentido. Si se plantea la cuestión de si necesitamos de Dios en el plano de un utilitarismo pragmático, la respuesta sólo puede ser negativa. Ese mundo está demasiado poblado de "saberes técnicos", de ídolos y de ideologías para dejar sitio al Dios real, al Señor de la gloria.

El hombre necesita de Dios no para la realización de sus tareas técnicas y organizativas como tales, pero si para la ordenación de estas tareas en una perspectiva mas amplia. Necesita de Dios para no idolatrar y endemoniar la técnica y la ciencia de la naturaleza, y sólo llega a comprender esto cuando experimenta intimamente que Dios es algo mas que un simple manipulador y organizador.