Mi espalda es la playa que yace

bajo el sol de tus pupilas.

Tus dedos surcan enredaderas

en la arena sosegada.

Qué vergel entre barbechos,

adagio entre estridencias,

niño entre morteros....

Mas un solo parpadeo

puede llenarme de frialdad,

y un soplo de tus labios

tornaría nuestra calma en enérgicos sonidos.

Sigue sembrando de carias esta playa.

No pensemos ahora que el mar puede extinguirla

ni que allá, en lontananza, nubes negras

derraman lágrimas

sobre tierras de lava y de púrpura.