El mismo Nuevo Testamento dice que "la verdad os hará libre"...y ese fue un slogan que los obispos de todo el mundo acuñaron tiempos atrás...pero algunos refunfuñaron y por ello están volviendo sobre sus pasos creyendo que hoy, este siglo XXI,  es el mismo tiempo en que la Iglesia dominaba al hombre en su libertad.

La salvación nos hace libres, libres de pesamientos, libres de culto, libres en la integridad de la persona, pero la Institución, o mejor los hombres que la componen, tratan de cercenar esa libertad que Dios ha dado a todos sus hijos, menos mal que afortunadamente hoy esa misma Institución tiene ya poco predicamento, sobre todo en los más jóvenes.

Es  manifiesta la persistencia en la Iglesia de tres formas distintas de violencia: centralismo, autoritarismo, dogmatismo". Hay una clase de violencia en la Iglesia. El centralismo es una forma refinada de violencia porque concentra el poder de decisión en una burocracia eclesiástica que ignora los retos que afrontan los creyentes en los diversos ámbitos socioculturales y eclesiales y trata a los creyentes de todas las categorías como si fueran menores de edad necesitados de superprotección y de una disciplina impuesta con criterios miopes. 

El autoritarismo es connatural de la Iglesia desde hace siglos, creen los eclesiasticos, sobre todo obispos y papas, que toda autoridad está supeditada a sus dictados, no hay autoridad en el mundo que no tenga que estar bajo su pensamiento.

En cuanto al dogmatismo se han hecho tantas barbaridades en este campo, que mejor no hablar de ello, porque nos pondríamos enfermos de pensar que por entender las cosas diferente se hayan enviado a la hoguera a hombres con mentes preclaras que habrían aportado mucho al cristianismo.

No es precisamente la Iglesia el espacio mas idóneo para la libertad.

Algunos clérigos creen que opinar, incluso de cosas simples, es faltarles el respeto y no aceptan a considerarse personas corrientes y normales.

La Iglesia no acepta a la Teología de la Liberación, porque cree que menoscaba su integridad o divulgación de su palabra única, cuando realmente no es eso. La Teología de la Liberación lo que busca y pretende, como hacía Jesús de Nazaret, es la liberación del hombre en su integridad, que no sea esclavo de nadie e incluso de las religiones, pero esto no lo acepta la Iglesia dogmática, cuando solo es otra forma de entender el Evangelio.