Fuera de Mc 8, 27-33, y sus paralelos de Mt 16,13-20 y Lc 9, 18-22. Jesús se muestra parco y ambiguo respecto a su mesianismo ante sus discípulos. Mucho más claro es con la Samaritana (Jn 4,42), pero esto debe ser teología joánica. En Hch 2, 36, tenemos una declaración de parte de Pedro de que el Jesús con el que ellos habían convivido es el Cristo. A partir de entonces, Jesús pasa a ser Jesucristo (Hch 2, 37-38. 3,6) y para Pablo siempre será ya Jesucristo. Cristo Jesús o simplemente Cristo. Bastaría contemplar el pasaje de Filp 1,15-21, para ver entonces la enorme distancia que separa al Jesús histórico del Cristo de San Pablo.

En las epístolas paulinas se ignora casi por completo al hombre, al histórico hombre Jesús de Nazaret, al que se aferra la Iglesia Institución y solo se predica a un Cristo que es puro espíritu. Los exegetas han señalado repetidamente la recíproca inmanencia de Cristo y de los hombres en la unidad del cuerpo místico, expresada por Pablo en la fórmula, tantas veces repetida en sus escritos..."en Cristo Jesús"...Por otro lado, una amplia serie de frases paralelas paulinas atribuyen idénticas cualidades al Cristo místico y al Espíritu Santo.

¿Dónde queda Jesús de Nazaret? ¿Cómo ha pasado de ser aquel hombre que comía, bebía y disputaba con los fariseos y los mercaderes del Templo a convertirse en el Cristo, el Ungido de Dios?

Para los cristianos amamantados en el catecismo del Cristo identificado con Jesús, no hay problema alguno. Hablamos del Jesús histórico y le nombramos Jesucristo o meramente Cristo. Pero los estudios bíblicos de fuera del cristianismo las cosas se ven de una forma muy diferente, yo diría que como son.

Al formular la profesión de fe, el Credo, la Iglesia muestra un apasionado interés en la preexistencia y vida posterior gloriosa de Cristo, pero nada dice a los fieles de su existencia terrestre, salvo que nació y murió. El Credo fija un ancla histórica no en el propio Jesús de Nazaret, sino en Poncio Pilatos, aquel funcionario romano de segunda fila y de notoria crueldad.

Sin embargo, según la doctrina básica de la Iglesia, el Cristo es una religión histórica, en la que el conocimiento del Cristo divino y de los misterios del cielo, nace de las palabras y hechos d eun judío galileo del siglo primero de la Era Cristiana, d eun hombre finalmente emplazado en el tiempo y en el espacio. Todo lo relativo a Él procede, no del Credo, sino de los Evangelios y concretamente, desde el punto de vista histórico, de los primeros evangelios sinopticos de Marcos, Mateo y Lucas. Desde luego ni siquiera estos se concibieron como registro objetivo de los hechos, ni aún como crónicas populares. Pero se hallán más cerca del Jesús de la historia en tiempo y estilo, que el último de los cuatro, el Evangelio de Juan.

La Sagrada Escritura ppne el acento de la muerte-resurrección, pero este suceso no debe significar un corte radical entre el Jesús histórico y el Cristo resucitado...el fundamento último de la fe no puede ser el Cristo glorioso, sino el humilde Jesús de Nazaret, en el que la Iglesia tiene que poner su mirada, porque en otro caso ocurre lo que nos está ocurriendo ahora, que el cristianismo va perdiendo poco a poco su esencia.

Humildemente sugiero que entre uno y otro hay un paso histórico y que ese paso aparece en la Unción de Betania, una unción regia. Por eso Jesús mandó que se predicara en todo el mundo y hasta el fin de los tiempos....y por eso tras ella, se decide a entrar como rey en Jerusalén.

¡quien tenga ojos que entienda!....al leer esto.