Hablar de cambio en la Iglesia es ser calificado de "apestado"...no se acepta por la jerarquía y mucho menos por la mayoría de los sacerdotes...se comprende que les van perfectamente con este sistema poco práctico y cristiano.

¿De qué tienen miedo?...me decía ayer un sacerdote amigo y sincerándose con este Gallo, es que hay miedo a no ser nadie, a perder categoría.

¿Cómo es posible que sea este el motivo?...si en el Nuevo Testamento, que se supone han leido al menos, no ya estudiado, lo dice taxativamente, que no se dejen llamar "maestros"...porque solo hay uno.

Es triste que reconozcan esta situación y no sean capaces de hacer un catarsis que beneficiaria al Reino de Dios en la Tierra.

También me decía que era un "forofo" lector de las cartas episcopales y que cada vez que asistía a un acto donde un obispo hablaba se daba cuenta de que estaban dando marcha atrás, era como volver a tiempos pretéritos, con expresiones tan vanas y antiguas que parecía hablaba para niños pequeños que tenían que entender lo más básico de nuestra religión.

Nunca el sistema paternalista ha funcionado entre personas ya formadas y adultas, puede que funcione entre personas sencillas, que no se plantean nada con respecto a su fe o a sus pequeñas creencias. Y el sistema parternalista fomenta el rezo a las estampitas y a las reflexiones simples e infantiles.

Por eso urge ya una nueva renovación de la Iglesia, pero al parecer los nombramientos ultimos de obispos en todos los lugares, se buscan hombres "santitos", que no den problemas en Roma y que estén a "verlas venir", que fomenten las piedades y nada más...ahora se nececitan obispos recios, pastores adoradores del Evangelio y no que estén pendiente de sus superiores.

Una Iglesia que sea pastoreada por hombres sencillos y al mismo tiempo intelectuales para resolver los problemas de este mundo, hombres que se mezclen con el pueblo y abandonen los vehículos de grandes cilindradas y nuevos. Obispos que evangelicen haciéndose presentes entre los cristianos que debaten el bien de la ruta que debe tomar el cristianismo en los proximos años...no el obispo pusilámine que cree que cualquier palabra no es ortodoxa...necesitamos obispos que hablen el mismo idioma que el pueblo de Dios y qe no se distingan en nada de los demás mortales...abandonando las vestimentas destacadas porque con ellas se convierten en prepotentes y admiración de la gente...y esta admiración debe ser por la forma de vida y por sus palabras que al salir de su boca tengan un reencuentro con el Resucitado...ya no valen palabras vanas, ni retóricas anticuadas.