No es nada de extrañar lo que ocurre en el Estado Vaticano, son muchos siglos de dictadura fuerte y hegemónica para que no salten chispas y aristas, en algo que ya debería ser de otra forma. Las oligarquias se tienen que terminar porque la Iglesia tiene que retornar a sus orígenes, es decir al verdadero cristianismo y abandonar ya estos palacios y dejar de nombrar a principes y palaciegos.

El trasfondo de todo es el perdón que el Papa, si encomendarse a Dios (no quiero decir ni al Diablo), ha dado a los Lefebvrianos, personajes que se han revelado contra la Iglesia y que además han demostrado que les importa muy poco Roma y el Concilio, pues ellos continuan en sus mismas posturas, es mas han dicho que Roma es la que se tiene que integrar en ellos.

Ha causado sorpresa, decepción y enfrentamientos entre los jerarcas y el Papa la semana pasado escribió una carta a los obispos que además fue filtrada antes a la prensa ¿?...¡malos vientos corren en el Estado Vaticano!.

Usando palabras medidas, pero más íntimas que nunca, el frío Papa alemán se desnuda ante el mundo con una sinceridad nunca vista, tanto por el tono como por el contenido. Ratzinger no se queja de las críticas de laicos y judíos, al revés alaba "la ayuda de los amigos hebreos", hace autocrítica y admite errores de comunicación, pide perdón por no usar más Internet, se confiesa lacerado por la actitud beligerante de sus propias ovejas. El enemigo en casa: "Odio sin temor ni reserva", "hostilidad lista para el ataque".

La crisis que revela la carta es gravísima. El estado de ánimo del Papa, más que triste, profundamente solo y decepcionado, llena de sombras el presente y el futuro de su pontificado. Cuatro años después de su elección, "la curia está en desbandada y el Papa sigue encerrado en su palacio", escribía ayer Marco Politi, vaticanista de La Repubblica.

L'Osservatore Romano, el órgano de la Santa Sede, se atreve a definir las críticas católicas al Papa como "el mayor escándalo de los tiempos recientes", pone el adjetivo "miserables" a las fugas de información, habla de "manipulaciones" de la curia y recuerda al equipo de Gobierno que es un "organismo colegiado que tiene un deber de ejemplaridad".

El Papa desvela más: dice que ese clima de guerra civil, ese descontento, estaba latente, y ha salido a la luz del sol aprovechando el escándalo global creado por el perdón de la excomunión de los lefebvrianos. Un gesto magnánimo hacia los preconciliares, que quería ser de "discreta misericordia" y que se justifica en la virtuosa necesidad de unir a una Iglesia en crisis, es aprovechado por sus adversarios para "morder" y provocar una división aún mayor.

Hemos llegado a un punto en que hay que tomar una decisión profunda en la Iglesia, pues el mismo Papa reconoce que hay una Iglesia en crisis.

Hay que dejar los palacios, a esas curias tan politizadas que solo viven para escalar el poder, que es lo más anticristiano del mundo.

La Iglesia tiene que volver a ser pobre tiene que abandonar el buen vivir, el ser prepotente y aceptar sus limitaciones humanas...la Iglesia no es infalible y estamos como con el relato de la Torra de Babel, cada cual habla el idioma que le da la gana.

Se necesitan pastores y no dirigentes políticos revestidos de pontifical o de faraones, se necesita una nueva forma de estar y de entender el cristianismo desde Cristo y no desde la Iglesia.

Comenzar desde abajo de nuevo para encontrarnos con el Cristo desmelenado, sucio y apaleado, que hay muchos en el mundo.

Hay que obviar el lujo en las celebraciones y en las vestimentas mas que nada, porque en este siglo repele a los humildes cristianos y a los que no tienen fe.

No hay que ir a unos países pobres africanos en un avión de Alitalia, hay que ir descalzos y sin vestimentas de oro, hay que peregrinar para entender al hombre que sufre de sida y al que se le niega hasta el preservativo...hay que ir pobre para hacerse pobre con los pobres, con los que no tienen nada que comer y gritarle a los dictadores africanos que son los que masacran a los pueblos....no se puede ir como jefe de estado, porque Jesús jamás fue como tal...era un hombre que andaba por los caminos y convencía...y pasó haciendo el bien.

Pero de esto las curias vaticanas y diocesanas no entienden y se defienden con palabras como: herejias, laicismo, y cosas por el estilo.

O vuelven a los orígenes o la descomposión será total antes de lo que decía el Gallo.