La escacez de presbíteros para servir a las comunidades, especialmente en la celebraión eucarística, es un fenómeno que viene creciendo desde el Concilio Vaticano II, por eso quieren reconducir los tradicionalistas al Concilio y por eso otros como los "lefebrianos" lo rechazan de plano.

Tanto en España como en todos los países del occidente cristiano, este fenómeno va en aumento y las "soluciones" que se le está dando (cerrar parroquias, agrupación de las mismas en unidades pastorales, celebraciones dominicales de la palabra por ministros laicos, importación de presbíteros y vocaciones de países excendentarios), no es mas que la política del "parcheo" o del "avestruz", que no quieren abordar la cuestión en su raiz.

Si creen los tradicionalistas que volviendo a las misas gregorianas y toda la parafernalia de la primera mitad del siglo XX, van a reconducit todo el problema, están totalmente equivocados, la cuestión no es ni tirar por lo moderno ni trampoco por lo antiguo, porque lo antiguo no es del común de los fieles, más que de una parte ya muy caduca de cristianos y lo "moderno", que no ha sabido renovarse no es atractivo para al menos el 50% de los que acudían los domingos a misa.

Los datos sociológicos sobre el catolicismo, muestran un descenso en picado en todos los frentes. En los últimos cuarenta años la secularización ha pulverizado un modelo eclesial floreciente y cargado de esperanzas, precisamente porque la parte clerical se ha dividido en antiguos y modernos. La reducción del número de católicos, aproximadamente un 25%, va unida a la pérdida de relevancia de la Iglesia Católica, el hundimiento de su credibilidad va en aumento y es vertiginosa.

De 2002 a 2004, se ha producido una reducción en algunas zonas del 14% de las misas dominicales, mientras que en la celebración de la palabra donde se realiza, han aumentado un 15%.

Parece ser que allí donde las gentes se sienten iguales el resultado ha sido positivo, la experiencia se ha llevado a cabo en diversos países en donde las celebraciones se han hecho sin presbíteros. Los estudios que se están haciendo hablan de aspectos positivos. La participación parece aumentar bajo la guía de los laicos responsables al no tener un presbítero residente. La gente comparte sus opiniones sobre la Iglesia, colabora a gusto sanamente, asume responsabilidades en relación con la propia familia parroquial, se crean comités, se adoptan decisiones por concenso, todos tienen un trabajo que desarrollar, y esto es precisamente lo que le aterra a Roma, comunidades que se desarrollen bajo otro prisma que no sea bajo su supervisión más inmediata, porque entonces la jerarquía saldría cuestionada.

Quienes asumen la responsabilidad de guiar estas comunidades de fe son hombres y mujeres muy competentes y con formación, a veces teológicas.

Aun no dejo de recordar  una parroquia sevillana, la Resurrección del Señor, que por abandono de su párroco estuvo marchando perfectamente sin presbítero, efectuando todas las tareas de liturgia (presbítero invitado, uso para las celebraciones de la parroquia contigua), visitas de enfermos, preparación para el matrimonio y al bautismo y se ocuparon de las labores cotidianas administrativas de la parroquia, hasta el nuevo nombramiento.

Esto fue una experiencia en un contexto en donde se vanagloriaban de tener un excedente de presbíteros, pero se pudo comprobar que no era imprescindible más que para las tareas mas puntuales.

Pues a todo esto le teme muchisimo la jerarquía, porque cree que eso no es cristianismo y esa situación ya se aplicó en los primeros tiempos del caminar de la Iglesia...¿No será que los nuevos signos de los tiempos están demandando esa posibilidad para volver a renacer de sus cenizas?