Cuando hablamos del gobierno de la Iglesia, creemos que es como en los primeros tiempos, que unos y otros se ayudaban, que había un responsable que era el que ayudaba en nombre de la comunidad a las necesidades de sus miembros, que se reconvenía con amor aquel que faltaba a sus deberes para con los demás, en fin otra cosa muy diferente a lo que vemos hoy en día.

La Iglesia manda y rige desde la cúpula del poder en forma piramidal, pero no desde la base, si no desde arriba y para llegar a ese poder inmenso e intenso se vale de grupos que con más o menos descaro se instalan junto al poder y son el brazo ejecutor de las decisiones de la cúpula.

Falta ese amor del principio, esa comprensión evangélica y ese entendimiento entre el Pueblo de Dios y de seguimiento del Cristo Resucitado.

Comenzando porque en la Iglesia deberían desaparecer las jerarquías con mando en plaza, en la comunidad de Cristo todos somos iguales, todos con su carisma y todo en comun-unión y terminando que ningún grupo: llámense kikos, opus, comunión y liberación o legionarios, deben estar por encima de ningún cristiano, porque esa forma de actuar es el camino para ir descristianizando al mundo y buscando el odio de los que no son religiosos.

La Iglesia debe ser fermento en el mundo, no organimo de poder. Tampoco debe imponer sus cristerios por encima  de todo y de todos, porque el cristianismo es de convencimiento no de ideologías.

La Iglesia debe alejarse de los poderes de este mundo y de alianzas extrañas y sobre todo abandonar el lujo, la ostentanción y el poder mediático.

No son los grupos que andan haciendo y deshaciendo en la Iglesia los mejores para evangelizar y por ello el rechazo de muchas personas.

Creemos que ya en este siglo XXI, la Institución debe cambiar por el bien de ella, para hacerse mas humilde y auténtica seguidora de Jesús de Nazaret.