La hija de Marcial Maciel tiene entre 30 y 32 años, es madrileña y, con su madre, estaría dispuesta a reinvidicar la multimillonaria herencia del religioso Marcial Maciel. Las mantuvo siempre. Tuvo varias mujeres más. Marcial Maciel, mejicano (1920-2008), fundó con 21 años los Legionarios de Cristo. A la madre de su hija española la conoció tras su relación con la acaudalada Flora Barragán, quien llegó a donarle hasta 50 millones de dólares.

Pasará a la historia como la hija del pecado del padre Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo. Su rostro y su identidad se mantienen, por ahora, en el más absoluto secreto.Están en juego enormes sumas de dinero y la credibilidad de una de las más poderosas organizaciones católicas. Casi de la propia Iglesia. Según ha podido saber Crónica, la hija secreta del Legionario de Cristo por antonomasia es una madrileña, de entre 30 y 32 años y licenciada por la Universidad Francisco de Vitoria.

Que el padre Maciel fue un «gran pecador» lo reconoció el propio Vaticano. El 19 de mayo de 2006, Benedicto XVI le prohibió ejercer públicamente el sacerdocio y le invitó a retirarse a una vida «de oración y penitencia». Y el Papa sólo invita a la penitencia pública a los grandes pecadores. Desde entonces y a pesar de que Roma no lo ratificó abiertamente, se dio por hecho que las acusaciones de abusos sexuales y de pederastia realizadas contra Maciel por sus propios seminaristas eran ciertas. Lo que nadie sospechaba es que el fundador de la Legión, además de abusador, fuese un mujeriego que seducía a adineradas señoras para quedarse con sus bienes.

Fuimos de los primeros en dar a conocer el hecho, pero fuimos insultados ¿ahora callan? Nos dijeron que eramos los destructores de la Iglesia...¿ahora callan?...creemos sinceramente que deberían desaparecer del servicio de la Iglesia para el bien de la misma..pero me temo que hay cosas que no se hacen jamás dentro de la Institución.

Si la Iglesia sigue callando esto que ya saltó a la prensa y a los medios, tendría que suspender a todos y el que estuviese limpio de culpa que se incardinen en sus respectivas diócesis en el mas absoluto anonimato.