Hace tiempo leí un cuento en que existñia en otros tiempos un castillo habitado por un señor, un señor feudal, pero al que muchas personas soportaban porque ya en su ancianidad no le temían...pero los hijos no querían que el padre estuviese solo y por ello el mayor decidió irse a vivir al lado del castillo, pero con la salvedad que tenía hecho un pasadizo por donde todos los días iba a visitar al padre.

Cuando el viejo señor caminaba por los salones los servidores y criados se levantaban y le hacían la reverencia y cuando pasaba el hijo, nada se levantaba...solo era el hijo...pero como era el heredero del padre, un dia, puso a todos los sirvientes enfila y les dijo: ¡Yo soy el verdadetro Señor del castillo!.

Desde entonces nadie le hizo reverencias al viejo señor y éste se marchó a una abadía a llorar por los desprecios de los que un día fueron temerosos de sus enfados y apludidores de sus días festivos...ya no le reían las gracias, no corrían cuando lo veían venir y se mofaban de su figura....

¡Pobre Señor cuanto debió sufrir en su vejez y soberbia!

¡Pobre hijo que usó su poder para denigrar a su padre y Señor!...pero tiempos corrieron y la misma historia se repitió.