Cada vez tengo más claro que el cristianismo no es reunión de grandes multitudes, por mucho que la jerarquía católica se empeñe en ello y haga muchas concentraciones....¿por qué digo esto?...sencillamente porque hay muchas personas desinteresadas en lo que ocurre allí en medio, de esa forma se queda desvirtuada lo que es la mesa compartida en la que Jesús de Nazaret, partió y bebió el vino de la fraternidad y la igualdad, que después hizo la aclaración de que era su cuerpo y su sangre, un símil que en esas concentraciones pierde su valor de reunión casera de individuos que se quieren entre si, que son hermanos.

En esas concentraciones hay intereses diversos, no se produce el milagro porque muchos van a ver que ocurre, a ver cuanta gente se concentró, a mirar al de al lado o al de enfrente….cuantos curas concelebraron….lo bonita que quedó la ceremonia…el baldaquino dorado tan majestuoso…los ropajes de los celebrantes…los cálices de oro….muchas periféricas, pero ninguna que tenga que ver con el cristianismo auténtico.

Comprendo que la jerarquía desee estar arropada, aplaudida y ver desde su atalaya la multitud arrodillada ante ella, es comprensible porque el hombre necesita que lo ensalcen, necesita el aplauso fácil de la masa para imitar a Dios o decir que es su representante.

Difícil lo tienen con un Gallo de estas proporciones....tan picotón, primero porque a pocas concentraciones ha asistido y segundo porque en todas se ha quedado impávido ante los aplausos fáciles y orquestados desde los micrófonos “aplaudientes” para incitar a los demás, que aplauden ignorando que hay una grabación con aplausos para iniciar estos en los asistentes.

Así el jerarca diga lo que diga, aun a veces diciendo herejías, es aplaudido sin parar…y digo herejías…porque jamás a Cristo se le hubiese ocurrido vestirse de oro y pedrerías para hablar del Reino a los que le seguían o a los que iban a buscarlo para escuchar su Palabra…..¡Qué contrario a la Buena Noticia es todo eso!