El nombre "Jesucristo", originalmente, no es un nombre propio de persona. Es, más bien, una confesión de fe equivalente a «Jesús es el Cristo» (Jesús, el hijo de María, es asumido —tomado para sí— por el Hijo de Dios, que, en hebreo, se dice "Mesías" y, en griego, "Cristo", significando, en ambos casos, "enviado", "ungido" de Dios).

Que Jesús es el hijo de María, hoy, no lo niega nadie. Pero que Jesús es el Cristo, o sea el Hijo de Dios, fundido en una sola personalidad con el hijo de María (Jesu-Cristo), no se puede decir si no se tiene fe. Dice San Pablo: "Nadie puede Jesús decir «Jesús es el Cristo» si no es por la gracia del Espíritu santo" (I Cor 12,3).


La cristología consiste en la explicación de esa frase y el sentido en que dicho predicado (Cristo, Mesías) es aplicado a Jesús.

En la historia de la religión de Israel la palabra "mesías" designa a un ser enviado por Dios para restaurar la unidad de Israel, rota a causa del despotismo de sus reyes.

Después, el mundo cristiano descubrió en Jesús un sentido nuevo, transcendente. Las comunidades cristianas primitivas de lengua y cultura griega, para las que el término "Cristo" no decía nada (o muy poco), prefirieron la fórmula "Jesús es el Hijo de Dios". En cualquiera de ambas frases ("Jesús es el Cristo" o "Jesús es el Hijo de Dios") se encuentra resumida toda la fe cristiana.

Los teólogos dividen la cristología en dos aspectos, ascendente y descendente. Cristología ascendente es la que destaca más el aspecto divino de Jesucristo ("Dios de Dios, Luz de Luz, engendrado, no creado..."); teología descendente es la que destaca más su aspecto humano (nace pobre, habla en parábolas, come con pecadores...). El evangelista San Juan y el apóstol San Pablo se fijan más en el aspecto divino; los tres sinópticos, o sea San Mateo, San Marcos y San Lucas se fijan más en los rasgos humanos. Cada uno de estos dos aspectos tiene sus adictos: unos prefieren el uno, otros prefieren el otro.

Yo, en esta reflexión, hago un acto de fe: Jesús, el hijo de María, es el Cristo, Hijo de Dios. A partir de aquí, voy a fijarme en los aspectos humanos, ya que, en los sermones, en la liturgia y en la religiosidad al uso, aparecen menos, tal vez porque comprometen más.

Mientras redacto estas cosas, aparecen en mi mente, como telón de fondo, todas las aplicaciones que la gente da a la palabra "cristo" (el "cristo" de esto, el "cristo" de lo otro, el "cristo" de aquí, el "cristo" de allí..., de la columna, de los faroles, de Medinaceli, de Urda...).

Pues me dirán algunos: ¿En qué cristología cree el Gallo?

Voy a ser muy preciso, como si aquí yo diera mi gran declaración de intenciones:

El Gallo, y sin que le quede nada dentro, cree en la cristología descendente, porque en Jesús de Nazaret destaca mucho mas su aspecto humano, de cómo un hombre apareció y fue un revulsivo entre las gentes de aquel tiempo, unos estaban desesperados, otros no podían soportar ni a los políticos y mucho menos a los religiosos, porque todos iban a sacarles dinero (impuestos) y no podían y los que vivían del Templo estaban conchavados con el poder político y hacían a las gentes desgraciadas y además aplicaban la ley de Moisés, es decir mucho cánones que aplastaban las conciencias.

Él los criticó, los puso ante las gentes como personajes que vivían solapadamente sus malos instintos y se aprovechaban del pueblo y les llamó "ladrones" y los expulsó del Templo.

Claro que en aquel tiempo los "muy religiosos" no usaban coches de gran cilindrada porque no se habían inventado, pero sí tenían una especies de limusinas que portaban unos esclavos, porque sirvientes esclavos si tenían y esto le santaba muy mal a Jesucristo...pero ¿creeis que le hicieron caso?...pues no...porque la cosa sigue igual sin moverse una hoja...¿y para eso murió un hombre?