Gustavo Adolfo Becquer nació en Sevilla, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer, por parte de su abuela. Su madre fue Joaquina Bastida de Vargas. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecida en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622.

Su casa natal ya no existe. Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo Mártir. Sus antepasados directos, empezando por su mismo padre, José Domínguez Bécquer, fueron pintores de costumbres andaluzas, y tanto Gustavo Adolfo como su hermano Valeriano estuvieron muy dotados para el dibujo. Valeriano, de hecho, se inclinó por la pintura. Sin embargo el padre murió el 26 de enero de 1841, cuando contaba el poeta cinco años y esa vocación pictórica perdió el principal de sus apoyos. En 1846, con diez años, Gustavo Adolfo ingresa en el Colegio de Náutica de San Telmo, en Sevilla, donde le da clases un discípulo del gran poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata, y conoce a su gran amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo. Pero los hermanos Bécquer quedaron huérfanos también de madre al año siguiente, el 27 de febrero de 1847, y fueron adoptados entonces por su tía María Bastida y Juan de Vargas, que se hizo cargo de sus sobrinos, pero Valeriano y Gustavo se adoptaron desde entonces cada uno al otro y emprendieron de hecho muchos trabajos y viajes juntos.

Cualquier ciudad tienes sus historias y leyendas y Sevilla no podrñia ser menos. el escritor y poeta Gustavo Adolfo Becquer, describe las historias como si las tuviera viviendo y si las leemos hoy en día están tan frescas como cuando su autor, muerto joven, las dejó para deleite de los lectores.

La Venta de los Gatos es una historia que cuenta el autor sobre una joven que se columpiaba junto a una taberna en el campo y camino del Cementerio de San Fernando, de la cual se enamoró....al poco tiempo volvió y la joven yacía ya muerta en el cementerio.

La historia entre real y leyenda queda reflejada porque la Venta de los Gatos aun existe en el mismo lugar rodeada de bloques modernos que parece que la van a devorar...pero aun resiste y recuerda a Gustavo Adolfo Becquer.

Quien desee penetrar en el romanticismo del siglo XIX de Becquer debe saber que la puede visitar y empaparse del ambiente romantico e itelectual de su tiempo.