Cuenta M. Ferrarry en La Opinión que la Catedral de Málaga se encontraba ayer especialmente llena en la celebración de la misa pontifical en honor de la festividad de la Virgen de la Victoria, patrona de la diócesis. Ante un numeroso público, el obispo de Málaga, Antonio Dorado Soto, realizó un homilía cargada de autocrítica, pero en la que también apuntó a dos caminos para que la Iglesia recupere su perdida vitalidad: la formación de los cristianos y fomentar la ayuda a los más necesitados.
Dorado Soto subrayó en todo momento el papel que tienen todos los miembros de la Iglesia en la recuperación de su "vigor evangélico", que él mismo reconoció que se ha perdido en una parte importante: "No podemos achacar esto a leyes hostiles o una cultura laicista, que también influyen, sino a nuestra propia mediocridad".
Pues ya es hora que un Obispo, mi admirado D. Antonio, diga las cosas por su nombre, como venimos haciendo desde hace mucho tiempo...porque todos los males de la Iglesia se la achacan al PSOE, lo mismo que este le achaca todos sus fracasos a Aznar, despues de tanto tiempo...pero la vida de los españoles es así, nunca queremos reconocer que nosotros, que nuestro bando, lo hace tan mal que lo destroza todo....la culpa del otro...mia no.

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