El sectarismo católico agresivo, militante, excluyente que cristaliza, nace virulentamente durante el papado de Juan Pablo II, en cinco o seis organizaciones de carácter fundamentalista, populista, algunas como Comunión y Liberación muy politizadas, que se añaden al Opus ,los Legionarios, así como Kikos y similares, y que representan una versión católica de las sectas de origen oriental que, como la secta Moon, también proliferan en el mundo occidental. La sociología ha elaborado un perfil del sectarismo precisamente a partir de la fenomenología religiosa, pero ya de aplicación general a grupos cerrados, dogmáticos y antidemocráticos, especialmente en su estructura interna. Sin embargo, algunos grupos protestantes, como los Amish en Estados Unidos, mantienen el significado original de la palabra secta, al abandonar el mundo y adoptar un estilo de vida ascético.

Paralelamente, y coincidiendo con la implantación del sistema democrático en Europa se intentó generalizar entre los católicos laicos una estrategia de manipulación de dicho sistema con el que el Vaticano nunca se ha sentido cómodo. Se hizo a la vez con un movimiento popular, la Acción Católica y con un partido político confesional, la Democracia Cristiana. En España hubo una versión propia, la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, que jugó un papel importante primero en la segunda República y luego en el franquismo. Fue en su Escuela de Periodismo madrileña donde el fundador del Opus aprendió esa ideología del catolicismo beligerante que rezuma su libro guía: “Camino”. La intolerancia y el dogmatismo doctrinal de la Iglesia, sobre todo a partir de la declaración de la infalibilidad papal, contribuyen también a esa predisposición al sectarismo de un sistema de creencias y un modo de disciplina grupal que, con harta frecuencia, desemboca en el fanatismo, la intolerancia y la fabricación de enemigos ideológicos. Y al lado de una Iglesia caritativa, abierta al diálogo con el mundo civil, convive esa otra Iglesia llena de desconfianzas, dueña del Vaticano, cerrada en si misma que se manifiesta singularmente en esos grupos y grupúsculos sectarios en los que habitan gentes con fuertes deficits de personalidad y escasas convicciones democráticas