Las finanzas del Vaticano se mantenían completamente en secreto antes del traslado a Roma de Edmund Skoza, el por entonces arzobispo de Detroit, a petición de Juan Pablo II, para dirigir la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede en 1990.

"Nadie se había sentado nunca a dibujar un esquema de organización'', dijo Skoza.

Pese a los bienes e inversiones que la Iglesia Católica posee, las finanzas del Vaticano están en rojo.

De acuerdo con esa versión, Benedicto XVI deberá buscar nuevas inversiones o la barca petrina va a zozobrar

Tras obtener ganancias durante ocho años, la Santa Sede, la administración central de la Iglesia, registró déficit durante tres años hasta 2003, según los balances oficiales de cuentas del Vaticano. El presupuesto de la Ciudad del Vaticano, el Estado papal independiente de Roma, también registraba números rojos en 2003, el último año con datos disponibles.

El presupuesto se ha desnivelado en los últimos años por los excesos de viajes de Juan Pablo II y toda esa parafernalia de actos obsoletos y rimbombantes.

Según el Vaticano, como jefe ejecutivo Juan Pablo II exigía responsabilidad financiera y mayor transparencia en las operaciones de la Santa Sede, pero en los últimos años de su Pontificado el presupuesto vaticano volvió a ser deficitario.

Más de una vez, incluso se dijo que el Vaticano consideraba la posibilidad de vender estatuas de Miguel Angel como la famosa Pietá, esculturas de Bernini u otras obras maestras para pagar sus deudas.

Pero los funcionarios vaticanos respondieron siempre que tales obras de arte constituyen “un tesoro de toda la humanidad” y no pueden venderse.

En una sorprendente (por lo baja) revelación financiera, un contador vaticano dijo en julio que el patrimonio total de la Santa Sede se calcula en unos 700 millones de euros (907,97 millones de dólares) y que propiedades como la Basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina carecen de valor real y son registradas con un valor simbólico de un euro.

Sin embargo, y a pesar de que los Estados no exigen una rendición de cuentas sobre los manejos financieros que hace la Iglesia, muchos estudios dan una idea del poderío económico que hay detrás del trono del San Pedro.