Jesús encomienda a sus Apóstoles la construcción del Reino de Dios en la tierra; objetivo inmutable que dicen los jerarcas, heredó la Iglesia. La predicación, la liturgia, el ideal, la obsesión, la propuesta al mundo, hasta el Derecho Canónico, las subvenciones.... si es que pega con ello, todo debía estar orientado al Reino, pero estos andan de políticas y "arreglos" con la autoridad, unas veces "escandalenado" y otras veces "poniéndose de acuerdo con los dineros"....pero estas son las más.
La Iglesia lleva siglos olvidando el Reino y machacando por todos los medios la necesidad de servir y luchar por la Iglesia, de aplaudir a tal o cual Papa...y se olvidan de su primordial camino, que no es privilegio solamente de la Institución, sino de todo fiel cristiano.

El título de ‘hijo fiel de la Iglesia’ se jalea a menudo como distintivo máximo de un cristiano. La "obediencia" a la Iglesia es la prueba más segura de estar en el buen camino. Y condición indispensable para canonizar a un santo. La preocupación por la Iglesia se refleja machaconamente en el Oficio Divino que rezan los sacerdotes. Hasta en los cientos de miles de misas diarias, la oración por la Iglesia ocupa un puesto importante. En no pocos cristianos se ha metido la idea de que a la Iglesia hay que seguirla ciegamente, de que no se puede discutir ni una palabra de sus enseñanzas, de que en la práctica es infalible siempre. Su amor a la Iglesia escupe condenas furiosas y miradas despectivas hasta llegar a rozar el odio contra cualquiera que ‘ofenda’ a la Iglesia. Y gracias a Dios que ya no existe la Inquisición; porque más de uno (buen hijo de la Iglesia) ya hubiera desaparecido entre las llamas, por ejemplo este Gallo, al que a veces "veladamente" algún que otro jerarca le dice "el pájaro Teodoro".

Entre tanto, el Reino ni se menciona. La Iglesia, a través de sus enseñanzas y de sus sacramentos, empezando por el bautismo, tiene un medio eficaz para infundir el Reino de Dios en los corazones de sus fieles; porque el Reino tiene que empezar en el corazón de cada uno, como decía Jesús: “El Reino de Dios dentro de vosotros está”.

Y si cada bautizado sale lleno del Reino de Dios, hubiera surgido una Iglesia constructora del Reino. Pero hemos devaluado tanto los sacramentos, que nos conformamos con tener un hijo más de la Iglesia, aunque sea un material inútil o perjudicial para el Reino, lo más interesante son las estadisticas, el número.....así nos va.

En la práctica, la Iglesia se ha olvidado del Reino, que casi nunca menciona, y lo ha sustituido por ella misma que resuena a todas horas por infinidad de caminos. Un pecado grande de narcisismo.

Lo siento, si hubiera que elegir, yo prefiero ser material válido para el Reino a ser ‘hijo fiel de la Iglesia’; porque, además, hay cada hijo fiel de la Iglesia, que si ella es Madre, se avergonzaría de tener un hijo así, lo que ocurre que todo están tan devaluado que ni siquieran se dan cuenta....claro ¡están tan preocupados con las subvenciones que....!