"Ya no somos una sociedad cristiana", es el comunicado que han dado los secretarios de las Conferencias Episcopales reunidos en Europa.

Esta declaración no nos sorprende nada en absoluto, veníamos diciandolo desde hacía una veintena de años, pero se nos tachó de herejes, de que no queríamos a la Iglesia y mientras, nosostros seguíamos señalando lo mal que lo hacía la Iglesia y que no sabían evangelizar, que esa acción era una cosa completamente olvidada por la Institución.

Han tenido que reconocerlo abiertamente, pero no rectifican, siguen en sus mismos postulados y acogiendo en cargos de responsabilidad a los fundamentalistas más acérrimos de este siglo.

La Iglesia para que la crean tiene que bajar a pie de calle, olvidar los palacios y los vehículos de gran cilindrada y los ropajes obsoletos. Hay que volver a las raices y a olvidar esos "maravillosos" actos litúrgicos que no convence a nadie más que los nostalgicos y rigoristas.

Cristo no andaba por el mundo de esa forma ni sus apóstoles se comportaba tal como se comportan todos estos que se han hecho con el poder de la Iglesia. Nada mas que hay que leer cuando la madre de los hijos de Zebedeo, le pidió un puesto relevante para sus hijos en ese hipotético Reino que Él pregonaba....la respuesta fue muy distinta a lo que vemos hoy, una Institución poderosa, que se inmiscuye en las políticas de los gobiernos, que quiere implantar su moral a todos (creyentes y no creyentes) y que tiene mucho que aprender de humildad y sinceridad.

No están los tiempos para seguir como siguen viviendo, pero la soberbia con la que viven les impide ver con claridad, incluso ahora que han reconocido que "Ya no somos una sociedad cristiana" serán incapaces de reaccionar santamente.