El cristiano no cree que esté dentro de las posibilidades históricas ni de voluntad del hombre la gestación de un mundo totalmente reconciliado y justo.
Las opresiones no son solo exteriores, tienen raices profundas en el corazón.
Todos tenemos la experiencia de que por nosotros mismos no conseguimos liberarnos; es preciso que alguien libere nuestra libertad cautiva para que, libre, pueda realizar su obra que es el amor y la justa relación con las personas.
La experiencia nos enseña también que la realización de la justicia es poca y débil, aunque sin su busca permanente la vida humana se volvería imposible e indigna.
Por otra parte, sólo con la justicia no se conserva la paz; debe haber una gratuidad y una donación que trascienda los imperativos del deber. se necesita amor y capacidad de perdón, que va más allá d elos límites de la justicia.
Sin embargo no estamos tan perdidos que por nosotros mismos no podamos esperar nada y haya que esperarlo todo de Dios.
Hay en todos fuerzas capaces de atender a las interpelaciones de la realidad, que reclama una relación justa, honesta y amorosa. Pero lo que se construye es siempre frágil y puede caer...Permanecen también a una situación de caida el fracaso, la resignación, la incredulidad y la desesperación.
¡Hay que gritar las injusticias y hay que actuar!....no nos podemos quedar con los brazos cruzados...hay que liberar a los demás y liberarnos nosotros...y si es necesaria una nueva revolución no cruenta hay que ponerla en marcha ya para desbancar a los poderes de este mundo, tanto políticos como eclesiales si no se comportan como es el ejemplo del Evangelio.


Sigamos a Jesús.
Sigamos Sus enseñanzas.
Nos hará sentirnos llenos.
Jesús da sentido a la vida
¿Qué sentido tiene nuestra vida, cuándo no mantenemos esa felicidad, cuándo no sabemos mantener la alegría de manera constante?
Si ponemos en Dios nuestras dificultades, veremos, comprobaremos, que el camino se allana.
El problema, en la confianza en Dios desaparece, pero
¡Cómo vamos a comprobarlo; si ni siquiera lo probamos!
Preferimos mantenernos en la duda, por si acaso, y debemos preguntarnos:
¿Por si acaso qué?
¿Qué es lo que tememos aún para dar ese paso de confianza?
Esperando estamos la mayoría a que brote el agua de una talla inerte, esperamos para creer entonces ¿quizá? y aún viendo no creeremos.
La fe es un don del Espíritu Santo, fe que tenemos dormida, fe interesada la mayoría.
Estar con Dios es estar en Su voluntad, es acatar Su voluntad, sea cual sea, aunque no se entienda, porque poco a poco todo toma sentido.
¡Hay que gritar las injusticias y hay que actuar!....no nos podemos quedar con los brazos cruzados...hay que liberar a los demás y liberarnos nosotros...y si es necesaria una nueva revolución no cruenta hay que ponerla en marcha ya para desbancar a los poderes de este mundo, tanto políticos como eclesiales si no se comportan como es el ejemplo del Evangelio.
Para coger el látigo de la justicia hay una premisa básica y es, ser perfecto, porque si no eres perfecto aplicarás una justicia imperfecta, que se convertirá en venganza.
Sí, Jesús lo utilizó un día; Él era perfecto, se lo podía permitir. Pero el resto de su vida parece ser que fue un manso cordero.
Ayunaba, enseñaba, rezaba.
Es el ejemplo.
Hay que actuar.....si, cada uno dentro de nosotros mismos.
Brazos cruzados no....no, hay que emplear las armas que tenemos los cristianos, la oración, el perdón, la humildad,...
Revolución incruenta...si, tenemos que salir de este estado de alertagamiento para poner en práctica el Evangelio.
Desbancar a los poderes de este mundo......si, busquemos en nuestro corazón y sustituyásmosles por el Reino de Dios , que no es de este mundo
Cuando cada uno de nosotros, los que nos llamamos cristianos, hagamos esto y alcancemos la masa crítica suficiente, ¡a ver que poder se resiste!
No se puede empezar una casa por el techo, necesitamos cimientos fuertes.