Ayer en la tarde mantuve una amigable charla de café con un amigo que en otro tiempo fue religioso y la conversación derivó en las formas de la penitencia y de verdad que no esperaba aquellas confidencias malsanas y completamente alejadas del cristianismo, yo tal vez las catalogaría a priori, de "gran masoquismo", porque la flagelación ni la desea Dios y mucho menos Jesucristo que ya el rechazaba el dolor por malsano. Nadie tiene que ser ni crucificado ni azotado para "purgar los pecados".

Este amigo me contaba de sus años pasados en un convento siendo muy joven con tan solo 17 años, desde 1962 hasta 1969 y me reveló el modo en que le enseñaron a flagelarse...pero él en el fondo no soportaba que se tubiera que renunciar a cualquier forma de amistad humana y rechazaba que cuando alguien le visitaba para "despegarse" de las tentaciones del mundo, tuviese que azotarse y tampoco que no le permitiesen siendo novicio que dos hablasen a solas, pues era necesaria la presencia de una tercera persona que vigilara que no se producía nada relacionado con el terreno de lo afectivo y sobre todo que no se creara "ninguna amistad particular".

Me contó las veces que se había tenido crisis de lágrimas, pero el superior le decía que tenía que aprender verdaderamente a amar Dios. ¡Ni hablar de sentimientos! le decía.

Despues de confidenciarme temblando su vida anterior, ya más sosegado me contó como en un pequeño dormitorio alejado de las demas celdas y que ya no se utilizaba, se usaba para flagelarse por los distintos miembros de la "comunidad"...Le entregaron una pequeña caja que abrió por curiosidad y se encontró con un pequeño azote hecho de cuerdas con nudos y en las puntas unas bolitas de hierro....con su mente dominada y obnubilado total se arrodilló y comenzó a rezar leyendo aquel versículo de San Pablo colgado en la pared que dice: "He tenido que someter mi propio cuerpo y reducirlo a servidumbre" (1 Co 9,27), oración enmarcada y con grandes letras negras....y como un loco comenzó a flagelarse la nuca, lo que le ayudaba a aplacar la pasión que anidaba su cuerpo, porque se notaba sexualmente excitado...Al sentir el dolor...incrementó su ardor, flagelaba mucho mas fuerte..."es preciso que duela, que haga realmente daño, Señor, haz que funcione" le había dicho el superior, que repitiera constantemente....Y llegó al momento en que quería que todo su cuerpo sufriera...pero a medida que avanzaba en el "castigo" ya no sentía el dolor...sentía como una vitalidad oculta...la espalda...el pecho....los muslos...el sexo...las nalgas..las piernas.

Mi amigo me miraba y me veía con cara de asco y asombro, como si me estuviese contando una fábula y fue entonces cuando se abrió la camisa y pude contemplar algo que en otro tiempo debió ser terriblemente mutilante: multitud de hendiduras en la piel del pecho provocados por las bolitas de hierro que lo habian marcado a perpetuidad.

A veces cuando se flagelaba se decía que aquello no era bueno y al comentarle al superior su desconcierto y turbación ante la excitación sexual, este le recomendó, que aunque la flagelaciñon le causara excitación en un primer momento, tendría que seguir y golpear mas fuerte...y le añadía: tienes que ayunar, controlarte más, bajar la mirada cuando te sientas tentado a mirar a tu alrededor, porque si no lo haces Dios te rechaza.

Solo al final el Gallo "galleó":

¡SEÑOR....SEÑOR...LIBRANOS DE ESTOS DIABLOS QUE SON CAPACES DE MUTILAR A UN JOVEN DE 18 AÑOS!...NO HAY QUE IR A BUSCAR A SATANÁS FUERA.... DENTRO DE LA IGLESIA EXISTEN A MONTONES.

En todas las religiones hay extremistas y fanatismos, de ellos ¡librenos Dios!