Desde luego la cosa está muy triste, no hay vocaciones, pero no hay vocaciones porque..."camarón que se duerme se lo lleva la corriente"....La Iglesia como Institución, durante los 25 años del pontificado de Juan Pablo II, ha dado un retroceso tremendo y lo que en años anteriores a dicho pontificado (Juan XXIII y Pablo VI) era un semillero de vocaciones, al quedarse parada la Institución, por miedo a los ultra-conservadores, la juventud no ha sentido la llamada al servicio.

La media de edad en España está en los 60 años más o menos y eso es el significado d euna iglesia caduca y pasada, por mucho que un hombre de 60 años quiera luchar en su parroquia no tiene las fuerzas de un hombre joven.

Los seminarios están a la mínima expresión en cuanto a seminaristas y lo que entra es porque se admite lo mismo a un roto que a un descosido y todo es válido, pero eso redunda en el futuro que no es futuro ni nada, pues habría que rascar a fondo y ver si esas vocaciones son sinceras, sin dudar de nadie, o son arrebatos de algunos...que mucho me temo que sea esto segundo.

Algunas diócesis han optado por dar entrada a personas que en otros tiempos dejaron su fomación sacerdotal, se casaron y ahora vuelven viudos e incluso separados que de todo hay en la viña del Señor, la media de los que entran mayores ronda los 65 años, pues ya jubilados, bien e sverdad que no es una carga para la Iglesia monetariamente, pero si personalmente, pues significa pan para hoy y hambre para mañana, eso e estar en un espejismo por decir el obispo "tento tantos curas"..."tengo tantos seminaristas"...pero de verdad ¿cuantos hay?...algunos hasta vuelven despues de haberse secularizado y ahora al postrer de sus días se vuelve a la Institución.

Se ha hecho muy mal en todos estos 25 años, no se ha movido la Institución, no se ha modernizado...continúan con el mismo lenguaje y al hombre de hoy hay que hablarle con lengua nueva y situaciones nuevas...¡apañados iriamos si los traductores de la Biblia se hubiesen dejado llevar por el lenguaje que se usaba en los siglos XV, XVI, XVII, XVIII, y XIX, porque nadie a estas alturas habría entendido nada, pues lo mismo que una traducción bien hecha debe ser entendida con el lenguaje del hombre de hoy, lo mismo ha deberia haber cambiado la Iglesia: en mentalidad, en lenguaje, en vestimentas, en una nueva forma de hacer entender el mensaje de Cristo...pero la Iglesia ha mirado demasiado su ombligo y así nos va.