Es un hecho cierto e indiscutible que la piedra de tropiezo, tanto para los ortodoxos cuanto para los protestantes (excepto para los anglicanos, cuya piedra de tropiezo fue España encarnada en Felipe II) ha sido y es el papa, no este ni aquel, sino la figura del papa en sí.

La piedra de tropiezo no es Pedro, no es Simón Bar Jona, sino la figura del papa de Roma. Admiten la primacía de Pedro sobre los demás apóstoles, pero no admiten la primacia del obispo de Roma sobre los demás obispos. El hecho de que Roma fuera la capital del Imperio Romano y de que hipotéticamente Pedro muriese allí, no es motivo suficiente para que su obispo domine sobre los demás. Un primus inter pares surgido de la Tradición sería lo correcto. El poder absoluto del papa no es soportable sin un expreso texto evangélico que lo apoye y que no existe.

Los ortodoxos y los protestantes reconocen el muy fuerte peso de los argumentos católicos, pero no les bastan. Exigen una declaración formal de la Escritura, dada la transcendencia del asunto. en conciencia, no pueden aceptar un primado que surge de un razonamiento teológico, que se puede sintetizar así:

-La Iglesia durará hasta el día de la Parusía (palabra de Jesús)

-Esto es así que la Iglesia se fundamenta sobre Pedro (palabra de Jesús).

No es que desconozcan la fuerza de la conclusión, pero repetimos, ni les basta ni les convence. No es que desprecien la fuerza de la razón, sino que el razonamiento les parece por sí solo insuficiente e incongruente.

Como vemos los "hermanos separados" exigen un documento con la declaración expresa de Jesús, documento que no existe por eso llevan el caso a un punto audaz, ya que el cristiano debe ser servidor de la palabra revelada y no dominador de ella.