Creo mis queridos lectores que el mensaje de Jesús se encierra en el anuncio del reino y en la axhortación a la penitencia, es decir pensar en lo que hemos hecho mal, para participar en el reino y por supuesto amar intensamente a todos como a uno mismo.

Todo lo que entró en el Evangelio de Jesús entró en la tradición cristiana. Lo que es verdaderamente evangélico en el cristianismo de hoy no es lo que nunca ha cambiado, ya que, en cierto sentido, todo ha cambiado, sino lo que, a pesar de todos los cambios exteriores, procede del impulso dado por Cristo, el único motor, y que se inspira en su espíritu, sirve al mismo ideal y a la misma esperanza.

Realmente Jesús anunciaba el reino, y vino a la Iglesia. Vino ampliando la forma del evangelio que era imposible mantener tal como era, dado que el ministerio de Jesús quedó cerrado por la pasión.

Es natural que los símbolos y las definiciones dogmáticas guarden relación con el estado general de los conocimientos humanos en el tiempo y en el ambiente en que se constituyeron. De aquí se sigue que un cambio considerable en el estado de la ciencia haga necesaria una interpretación nueva de las fórmulas antiguas que concebidas en otra atmósfera intelectual, no pueden decir ya todo lo necesario, o no lo dicen tal como convendría decirlo. En ese caso, se distinguirá entre el sentimiento material de la fórmula, la imagen externa que presenta y que no está en ralación con las ideas recibidas en la antigüedad, y su significación propiamente religiosa y cristiana, la idea fundamental, que puede conciliarse con otras visiones sobre la constitución del mundo y la naturaleza de las cosas. Sólo la verdad es inmutable, pero no su imagen en nuestro espíritu.

Como consecuencia de la evolución política e intelectual, se ha producido en todas partes una gran crisis religiosa. El mejor medio de poner remedio a ella no parece que sea la supresión de toda organización eclesiástica de toda la ortodoxia y de todo culto tradicional, lo cual arrojaría al cristianismo fuera de la vida y de la humanidad, sino sacar el mejor partido de lo que hay, con vista a lo que debería haber, sin repudiar nada de lo que los siglos cristianos han transmitido al nuestro, apreciando como es debido la necesidad y la utilidad del inmenso desarrollo que se ha realizado en la Iglesia, recogiendo sus frutos y continuándolos, ya que se impone hoy como siempre, más que nunca, la adaptación del Evangelio a la condición cambiante de la humanidad.

EN POCAS PALABRAS. O LA IGLESIA CAMBIA SUS POSTULADOS PARA ADECUAR EL EVANGELIO A LA NUEVA ERA O MUERE IRREMEDIABLEMENTE POR FALTA DE FIELES, A NO SER QUE LA JERARQUÍA CREA QUE LA IGLESIA SON ELLOS SOLAMENTE.