Antes tengo que aclarar que los "similares" son los frailes incardinados en una diócesis y destinados en una parroquia, lo que hace que tengan los mismos problemas que el clero diocesano.

Aclarado lo anterior tengo que decir que en cuanto a ser humano, muchos de los avatares en los que se ven inmersos los curas, son comunes al resto de los mortales, es decir nada extraordinario, según de lo que se trate.

Los mismos problemas que originan malestar psicológico en las personas, afectan d eun modo u otro al ministro ordenado. Incluso la tarea apostólica, en tanto que integra un componente laboral no está exenta de las exigencias y las preocupaciones que supone, hoy en día, cualquier trabajo estable y reconocido. No obstante, la singularidad de la vocación sacerdotal y su vertiente de índole eclesial, insta a que se tomen en cuenta las eventualidades que conlleva una misión de esta naturaleza. . Para señalar, por tanto, las causas del estrés en el presbítero, aparte de los elementos que pueden resultar idénticos o similares al conjunto de la población y en especial a otros trabajadores, debemos considerar también aquellos aspectos específicos de la vida del clérigo.

Todos sabemos que el mundo en el que vivimos está sujeto a constantes cambios, que en la época actual se han hecho más intensos y generalizados. No nos hemos adaptado todavía a una realidad, cuando ya nos vemos obligados a responder a las demandas que presenta un panorama completamente distinto y nuevo. el ritmo vertiginoso de supuestos avances sociales, culturales, tecnológicos, o de cualquier otro género, hace que vivamos en un estado permanente de crisis que genera demasiada inestabilidad, una desmedida sensación de provisionalidad y bastante inseguridad. De todo ello somos artífices y victimas al mismo tiempo. No sabemos si todos los adelantos obtenidos pueden calificar verdaderamente de progreso y si las condiciones creadas por ellos nos reportan, en todos los casos, verdaderos beneficios, lo cierto es que esta dinámica nos coloca a todos en una posición de alto riesgo. La posibilidad de padecer estrés es cada vez mayor y los trastornos y ansiedad son cada día más frecuentes y numerosos. La voragine de la sociedad contemporánea deja sus secuelas también en la vida religiosa, tal como señalan sabiamente los padres conciliares en la Constitución Gaudium et Spes...Los mismos sacerdotes, en su afán por dar basto a multitud de servicios y tareas que diariamente tienen que atender, acaban, muchos de ellos, sucumbidos en las redes de las prisas, el ajetreo y la actividad desenfrenada.

A este marco general hay que sumarle aquellas circunstancias que agravan y complican, aún más, la dificil realidad del cura. No nos referimos fundamentalmente a las condiciones de marginación y soledad al estar solteros, , que con frecuencia, les toca vivir, sino, sobre todo el ambiente descreído secularizado y hostil al que aludía en el documento "Pastores Dabo Vovis".