El capítulo 20 del Evangelio de Juan relata varias apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos. A través de todas ellas se nos describe la progresiva profundización en la fe de los primeros testigos…Porque para ellos no fue nada fácil de pasar del escándalo de la cruz a la fe en la resurrección…como a cualquiera con aquella crianza les costó mucho ver, comprender y creer.
Pedro, María Magdalena o Tomás son ejemplos de lo que ocurre en la comunidad cristiana después de la crucifixión de Jesús….Sus esperanzas de prosperar al lado de Jesús se habían desvanecido…ese Mesías habían quedado en la cruz y ya habían terminado….andaban en la oscuridad…buscaban una respuesta a todas las palabras del amigo…y con solo la presencia nuevamente de Jesús vieron la luz.
Vamos a centrarnos en una de esas experiencias de fe….la aparición a María Magdalena.

Ya hoy en día vamos sabiendo algo más de esta mujer, pero por siglos hemos estado a oscuras…los evangelios la conocen por su lugar de origen que lo colocan detrás de su nombre propio…María…la de Magdala, la ciudad de donde provenía, un lugar de Palestina situado a orillas del lago de Galilea….Lucas la presenta como aquella de la que había echado fuera siete demonios (Lc 8,2)….esto quiere decir que había sido liberada por el Señor….y le siguió porque aquel encuentro la marcó de forma profunda.
Algunos escritos de la Iglesia y mucho más la tradición popular, a veces muy interesada en tapar la vida de esta mujer, han atribuido a esta figura un cierto liberalismo sexual y la han identificado con una prostituta, la misma, se dice que ungió los pies del Señor (Jn 12,1.8 y par)…Pero por los evangelios sólo podemos deducir que fue una seguidora de Jesús a quien éste había cambiado su vida…¿por qué ese interés de tacharla como prostituta? ¿qué intereses ocultos había?...tendrían que leer otros documentos extrabíblicos, no canónicos que las Iglesia rechaza de plano…porque esta mujer se mantuvo fiel, incluso cercana a la cruz y que fue uno de los primeros testigos de la resurrección…solo alguien muy allegado dejaban los romanos presenciar un suplicio…solo alguien muy allegado puede tener la primera experiencia de fe en alguien al que ama.
En el relato de Juan, meditamos este encuentro. María Magdalena junto a otras mujeres, habían estado junto a la cruz (obsérvese María Magdalena y otras mujeres…¿por qué no las mujeres tal y tal, y una tal María o una mujer llamada María?...sin embargo se le de una relevancia en los evangelios significativa….había estado a los pies de la cruz (Jn 19,25)…y después la encontramos fuera del sepulcro desolada porque “se han llevado a mi Señor, y no se dónde lo han puesto”.
María es prototipo de la primera comunidad que no entiende el sentido de la muerte de Jesús…para ella…debe estar vivo…pero se encuentra desorientada…no sabe donde está ni sabe donde encontrarlo…su fe…su búsqueda tiene que recorrer una nueva etapa…Y es curioso como presenta Juan este proceso de reconocimiento, de avance por la fe por parte de María…Lo hace salpicando el relato de datos, que tradicionalmente en nuestra cultura se aplican a la mujer: llora…llega a reconocer a Jesús por el oído, no por la vista ¿es que está escondido?...lo percibe con el corazón, no necesita tocarlo…solo quien ama profundamente a otro ser es capaz de sentirlo en el corazón…y después comunica aquello que ha experimentado…vamos a ver el relato.
María está junto al sepulcro, llorando. La unía con Jesús un gran amor, un gran afecto y no comprende su desaparición…Está desconcertada, lamenta no encontrar nada allí, ¿no lo habían depositado en aquella tumba?...se asoma al sepulcro, pero a diferencia del discípulo amado que, tras asomarse vio y creyó (Jn 20,8)…María no sabe interpretar los signos….mira y alrededor y ve a un hombre, pero no reconoce en Él a Jesús…”si te lo has llevado tú, dime donde los has puesto”…Busca al igual que los dos discípulos del Bautista buscaron a Jesús (Jn 1,37-39), o mejor aún: como la mujer del Cantar de los Cantares…buscando al amado (Cant 3, 1-4)…pero aun es de noche para ella…no ha entendido, no ha “visto” aun…no ha comprendido.
La voz de Jesús, suave, cariñosa, hace que en María comience el “nuevo amanecer”…el lazo de comunión personal que se había establecido entre ellos se despierta al oírse llamar: ¡María!...la voz que pronuncia su nombre viene cargada de relaciones interpersonales, de cercanía, de cariño…siente que en ella se ha cumplido la Palabra: Jesús conoce a quienes le pertenecen, les llama por su nombre…estos perciben su voz y le siguen (Jn 10,27)…Reconoce por el oído a aquel a quien había mirado sin ver…y responde: ¡Maestro!...pero su fe aun no alcanzó la claridad de Tomás que exclama: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,28)…Para ella es muy duro aun, no amaneció totalmente…Pero de momento ha encontrado vivo a Jesús…totalmente vivo.
María confirma la verdad de la presencia de Jesús….pero pretenden que la presencia entre ella y los discípulos sea permanente, que todo vuelva a ser como antes….eso no es posible…pero Jesús le hace ver que no es lo mismo que está vivo, que estará siempre presente…pero que esta presencia no es la misma…su predicación ya ha terminado…él era la piedra angular que colocaron los arquitectos…los demás los albañiles que tienen que hacer el edificio…y debe ser por el don del Espíritu…Y éste solo puede venir cuando su Espíritu haya vuelto con el Padre….María quiere quedarse con el Jesús de antes de la Pascua…pero él le dice con esas palabras que nos desconciertan: “No me retengas”…”no me agarres”…”No me toques”…”No me abraces” ¿?.....invita a María a encontrarle vivo, pero como si no, como si fuera otro….no puede permanecer allí…es como si dijera: “No me quieras tener como me has tenido hasta ahora, con una presencia constante y a tu lado….Soy el mismo, no tengas dudas…pero diferente.”
También le revela en este encuentro otra cosa a María: el Padre de Jesús es también nuestro Padre…si desde la cruz nos entregó a su madre como madre de todos, con su vuelta al Padre hará posible que el Padre del “cielo”, sea Padre de todos….a partir de ahora los hombres que creen en él son “los hermanos de Jesús”.
María comprende, ve la luz…y ha descubierto una presencia nueva, personal, definitiva, que ni siquiera el sacrificio, le podrá arrebatar ni a ella ni a Jesús…comenzó descubriendo a Jesús por medio de la voz y lo ha encontrado como Palabra, sangre real, que la envía a “sus hermanos”….su misión es hacer “visible a Jesús a los discípulos por mandato del Señor…su testimonio: ¡He visto al Señor!...habla de una fe adulta…ya no mira superficialmente, ya lo hace profundamente…de oír palabras a escuchar pasa a entender desde el corazón…desde la mente…ha pasado de palpar presencia física a encontrarse con la presencia que no muere jamás.
Una vez más Jesús le ha cambiado la vida…es la depositaria de la vida nueva de Jesús y en Jesús….No sabía donde estaba, salió a buscarlo y encontró que Jesús está en el Padre y entre los suyos…Salió en busca del AMADO como la esposa del Cantar de los Cantares y descubrió que el AMADO le salía al encuentro…se dejaba hallar y la enviaba a formar a su pueblo en la fe, un pueblo nuevo donde todos, hombres y mujeres, podemos ser Hijos de Dios, Hermanos de Jesús y Hermanos unos de Otros….ella es la depositaria del mandato real y de la Nueva Vida que nace en la fe y en el entendimiento de la sabiduría.


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