Desde el siglo XIV, la palabra poder ocupa el centro del tratado eclesial, pues la Iglesia se define por los poderes que la constituyen. El poder es uno de los principales atributos de Dios, tal vez el más importante, por lo menos en la devoción católica. Si nos fijamos bien en la misma liturgia, siempre se añade el adjetivo poderoso o todopoderoso a la invocación de Dios...pero el poder de Dios es creador, salvador y puramente positivo.
El poder de Dios actúa por medio de poderes humanos. Dios, dicen, no actúa sin la mediación de los hombres. Estos mediadores revestidos de una participación del poder de Dios, constituyen la jerarquía de la Iglesia. Se dice, por los mismos interesados, que la jerarquía es la causa eficiente de la Iglesia...Ella produce la Iglesia, pues la salvación de Dios pasa por esta mediación. Dios eligió a algunos hombres para ser los mediadores ante Él de la humanidad....Los laicos solo se salvan por la intervención de la jerarquía...sin ella no son nada, todo lo reciben y nada producen.
Siguen diciendo algunos que este poder sobrenatural de la jerarquía tiene su punto culminante en la Eucaristía. Como el papa lo recordó recientemente, el sacerdote ordenado pronuncia las palabras de la consagración como si fuera el mismo Cristo, es decir reprtesenta a Cristo en toda su extensión humana...y como Cristo produce por su boca, por sus palabras, el "milagro" de la transubstanciación....en cambio los laicos miran, admiran, adoran y reciben a Dios por las manos del sacerdote...Pues bien esta teología es la imagen de la Iglesia en la eclesiología tradicional que era común hasta el Vaticano II y que, al parecer, es todavía la teologñia de este Papa. También en algunas parroquias se han recibido unos carteles muy bien confesionados anunciando a bombo y platillo: "Acude a la misa tradicional y verdadera de Benedicto XVI"...se ve que este poder es el servicio de la jerarquía....ese poder que obstentan es el mayor y único servicio.
Es evidente que esta identificación entre poder y servicio no viene del Nuevo Testamento, sino que porece de la ideología imperial, en la que todo poder, por ser servicio, es positivo. "Dominar para servir", es la definición de todos los colonialismos, incluida la guerra de Iraq, que es, según el oder del gobierno de Busch, el mayor servicio que los americanos han prestado al pueblo iraquí, claro que no hablan de los muertos que ha generado esa guerra ni lo mal que lo están pasando los iraquies día a día.
Los miembros de la jerarquía no pueden ser absolutos representantes de Dios, porque cuando se ejerce el poder no se comunica sensillamente el mensaje de Dios, solo se comunica una clase de teología muy parcial.
Al gobernar parroquias o diócesis actúan como patronos de empresas y no se crea una Iglesia que es producto del Espíritu Santo por mediación de todos los cristianos, cada cual con su carisma....
Sabemos que millones de fieles abandonan la Iglesia Católica, y la causa fundamental, es la cuestión del poder. Con el Papa actual, ni siquiera se puede tratar la cuestión, porque su poder es más absoluto que el de cualquier papa del pasado, incluso el de Pio XII. sin embargo, está muy claro que la nueva sociedad urbana, alfabetizada y más desarrollada culturalmente, no puede aceptar que Dios reserve su mediación a hombre alguno, cuando el Nuevo Testamento anuncia que el Espíritu Santo es dado a todos. Todos afriman que hay diversidad de funciones y personas destinadas a gobernar, pero no se acepta ya la identificación d eun poder humano con el poder de Dios.
Es necesario ver y examinar críticamente el poder que existe en la Iglesia, regido por un derecho canónico siempre relativo. Hay que distinguir lo que en la Iglesia es permanente. de lo contrario, seremos prisioneros de la historia, prisioneros de un pasado muerto.
Juan Pablo II tuvo como una de sus prioridades la restauración del poder social del clero. Tomó como un punto de apoyo los movimienjtos sacerdotales como Opus Dei, Legionarios de Cristo, Sodalitium, Kikos y otros...todos ellos enormemente integristas en la doctrina, rigoristas en la moral, inflexibles en la disciplina. Su motor es la ideología clerical, tal como fue definida después del Concilio de Trento. El Papa Juan Pablo II, les concedió el papel que tuvieron los jesuitas en la iglesia tridentina: ser conductores del clero.
Pero sucede que estos movimientos están fascinados con el poder, acumulan riqueza y lo manifiestan claramente, prestigio social, poder político y cultural. Fundan instituciones poderosas, supuestamente destinadas a la evangelización y no se dan ni cuenta del espectáculo que ofrecen a la sociedad, espectáculos de sectas religiosas a la conquista del poder, sea como sea. No ven que les va a pasar lo que les ocurrió a los jesuitas en el siglo XVIII....estaban aliados con los poderosos, ignoraban absolutamente la voz que se levanta fuerte de los oprimidos...ignoraban este mundo de pobreza...porque en su ámbito eran los dominadores.
En América Latina, algunos de estos movimientos sacerdotales están conquistando grandes parcelas de poder de la economía y de la política...actuan con intermediarios laicales a los que tienen totalmente subordinados. el clero inspirado por tales ejemplos, se hacen oportunistas, creen el el marketing religioso o el dominio de los medios de comunicación les van a solucionar los problemas de la evangelización y permitirán rehacer la cristiandad y que la Iglesia podrá gobernar nuevamente en el mundo.
Lo poderes de Dios, que no actuan metiendose en la economía y en la política, dicen, que no son de Dios...pero para combatir a estos hay que disminuir los abusos de poder y es necesario que existan normas que equilibren los poderes de todos.

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