
SELECCIÓN ARGENTINA GAY NACIONAL
Un buen amigo mío que es futbolista se confidenciaba con este Gallo, diciéndo amárgamente su condición de homosexual y el enamoramiento que ha surgido por un compañero de equipo, enamoramiento del que no se puede substraer tan fácilmente, pero que no puede decir a nadie y menos al interesado por las repercusiones que podría tener en su vida deportiva/laboral y social ante una sociedad que aun no entiende a la persona "diferente", pero sobre todo a la prensa machista deportiva, pero queremos decir que los hay en muchos de los estamentos del deporte.
La ecuación es simple. Si las estadísticas marcan que un cinco por ciento de los hombres del mundo actual son homosexuales, la pregunta es insoslayable ¿cómo no va a haber homosexuales en el fútbol? Y si los hay, ¿quiénes son?, ¿por qué no se conocen?, existen homosexuales en el mundo de las empresas, en la Iglesia, en los profesores de colegios, en cualquier estamento social, pues aun ese 5% no es real, pues son los que se han declarado abiertamente homosexuales o bisexuales, pero según algunos expertos pueden llegar hasta el 12% en todos los tejidos de la sociedad.
La respuesta es bien sencilla: el inconveniente para un jugador sería mayúsculo si deseara sincerarse. Enseguida le caerían encima la afición, la prensa, sus rivales, árbitros y hasta sus propios compañeros. No hay escapatoria. Una verdad irrefutable: el vestuario de un equipo de fútbol es el lugar por metro cuadrado más machista del mundo. Aceptar a alguien "distinto" sería la peor de las pesadillas.
Una pequeña broma en el vestuario fue la tortura para Graeme Le Saux. El jugador del Chelsea fue acosado durante 14 años de carrera por una supuesta homosexualidad que le costó persecuciones dentro y fuera de la cancha. Desde insultos y cánticos en las gradas hasta el acoso y hostigamiento de los árbitros. ¿La razón? Ridícula: se decía que era gay porque iba a galerías de arte y leía el diario de los intelectuales, "The Guardian". El año pasado se decidió a escribir su autobiografía y contó su historia amarga, triste, de exitoso futbolista y persona sufrida.
La intolerancia en este ambiente es manifestada abiertamente: son varios los técnicos que no tienen empacho en declaraciones rimbombantes: "No aceptaría a un homosexual en mi equipo" dijo Daniel Passarella cuando era director técnico de la Selección argentina en 1995. "Un jugador homosexual ni sería convocado para una selección brasileña", dijo su colega Carlos Alberto Parreira. Y Jorge Fossatti, ex entrenador de Uruguay, tampoco fue menos: "Un jugador homosexual no debe estar en la plantilla profesional". Su caso no se olvidó: fue citado por un juez de la justicia para aclarar lo dicho.
Pero no sólo en Sudamérica se dan este tipo de declaraciones: "Convivir con jugadores gays puede traer problemas y provocar situaciones embarazosas", dijo recientemente el defensor del Real Madrid, Fabio Cannavaro.
El disparador que reavivó la discusión sobre los gays en el fútbol quizá fue la famosa foto de Guti que dio la vuelta al mundo en la que aparecía besando a una persona. Pero hubo un pequeño error: el beso de la imagen no era a un supuesto "amigo", sino a su hermana.
Conocidas fueron las declaraciones de un psicólogo deportivo alemán que dio a conocer que ciertos jugadores de fútbol alemanes son gays. Pero "estos jugadores ven como única salida llevar una doble vida, escondiendo su homosexualidad al entrenador, al equipo y a la dirección del equipo".
El diputado del partido Democrático de Italia Franco Grillini dijo que hay 20 jugadores gays en la primera división de Italia y que algunos jugadores "tienen novias o esposas sólo para salvar las apariencias, que utilizan para confundir y esconder y que puede probarlo. Su vida es un infierno", agrega el político.
Apenas, Ruud Gullit entre los casos más famosos, se animó a confesar su bisexualidad. Fue una excepción y no faltaron los detractores. Pese a ello, Gullit pudo terminar decorosamente su carrera de extraordinario jugador y hoy es entrenador de Los Ángeles Galaxy, donde coincide con uno de los iconos sexuales de la época: David Beckham.
Aquí, como en muchos ámbitos de la vida, la hipocresía es moneda corriente: Mencionar trampas, doping y hasta de "partidos arreglados" está permitido en este mundillo. Pero de homosexualidad, no. De eso, en el fútbol, no se habla...
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