Todo hombre tienes unas vivencias primeras y mis primeras vivencias personales en la Iglesia fueron muy positivas, porque en mi pórtico de la futura madurez mental se clauró el Concilio Vaticano II y dije.¡esta es mi Iglesia! y supuso para mí y otros como yo y compañeros, un fuerte cambio de dirección, como si mi tren hubiese cambiado con la aguja.

La verdad es que tenía y tengo una gran admiración por el santo Papa Juan XXIII y, en su muerte, ardientemente los que somos libres de espíritu pensábamos en el Cardenal Montini, porque sería su más fiel continuador y así fue...tuvimos la satisfasción de tener a Pablo VI como Papa...otro santo Papa.

Pero también tengo que decir, que para los que nos dedicamos a esto de andar por medio de la teología, el proceso de cambio que tuvimos que realizar no fue nada fácil y la verdad creo injusto acusar de oportunismo a todos los que militábamos de una manera u otra en la Iglesia española, bien en la HOAC, o en otros movimientos eclesiales, que llegado un momento se distanció de un régimen político que comenzaba a descomponerse desde dentro...Por una parte, los d emi edad, nos sentíamos atraídos por los nuevos aires que traián toda la frescura a la Iglesia...era como una vuelta al primer cristianismo y de ruptura, con tantos aspectos de la vida eclesial, que ya nos parecían totalmente trasnochados...Pero la verdad es que se nos hacía muy dificil, cuesta arriba, romper con las estructuras que habían moldeado nuestra personalidad en la adolesdencia y primera juventud, nuestra propia forma de vivir y que antes nos proporcionaba una fuerte seguridad cuando decíamos: "la Iglesia lo dice y no hay más que acatarlo" (palabra de rey)...yla verdad es que mi temperamento en aquellas fechas era demasiado conformista, por eso el gran paso significaba un gran trauma mental. Romper con todo y hacerlo equilibradamente no era fácil, porque allá donde íbamos sabíamos que algún sacerdote te iba a denunciar al obispo de turno, porque la verdad aquella incultura de un clero (aun teniendo muchos títulos académicos), era claramente terrible y obsoleta...el Concilio había abierto nuevos caminos porque habían estado cerrados demasiado tiempo y de golpe nos dimos cuenta que se había abierto un abismo en los últimos siglos entre el mundo y la Iglesia, pero éramos tan simples que no nos habiamos dado cuenta...tuvo que promulgarse el Concilio Vaticano II, para despertar las conciencias.ç

Recordamos una frase lapidaria de un obispo: "los que aman a la Iglesia, no la critican y los que la critican no la aman".....y yo puedo afirmar que amo profundamente a mi Iglesia, pero que no pierdo la cabeza por la jerarquía como otros personajes que aun pululan por estos mundos, porque ser respetuoso no significa ser servil.

Mi experiencia personal me lleva a afirmar que muchos se han convertido en grupos meramente humanos desengañados de la Iglesia obsoleta y pobre de miras y otros se han evaporado simplemente y no quieren oir nada de la Iglesia...mucho más cuando se escuchó la frase: "fuera de la Iglesia no hay salvación" y creo y tengo visión de conjunto para decir que la marginación de la Iglesia institucional acaba llevando a un desvanecimiento de las convicciones cristianas de las personas o de grupos.

No es la práctica religiosa el mejor termómetro para saber quien es cristiano o no, pero evidentemente el distanciamiento de esas prácticas lleva con el paso de los años al total abandono.

No por muchas procesiones están los españoles evangelizados, porque debajo de algunos capirotes hay personas que no creen en Dios (dicho abiertamente) no desean nada con la Iglesia, no frecuentan sacramentos y les importa "un pimiento" lo que le suceda a la Iglesia o en muchos casos se alinean con partidos políticos que son partidarios de suprimir a la Institución, o empobrecerla, volverle la espalda, votar por el aborto libre la autanasia y otros valores no cristianos.

Y para terminar con todo este malestar yo desearía una Iglesia más arriesgada y eso que asumir los riesgos no es nada fácil, porque es imposible pedir a la jerarquía que debe ser sensible a las mentalidades de todo el complejo eclesial para que lleve la delantera, porque su rol no es aplastar las nuevas teologías emergentes, sino el discernimiento hacia donde empuja el vieto del Espíritu en la vida de la comunidad creyente.