En este primer decenio del siglo XXI tenemos que pensar si es posible configurar un modelo de laicismo y una forma de religión pública que puedan tener afinidades efectivas o, al menos, un mínimo de complementaridad. El tema del rol de la religión en la vida pública ha sido abordado por muchos intelectuales, pero este Gallo quiere también aportar algo por si tiene alguna aplicación:

Es necesario que se mantenga el pluralismo de las sociedades democráticas y que éste sea compatible con la cooperación entre instituciones, la cohesión social y la amistad cívica entre personas que mantienen posiciones diversas en los ámbitos políticos, morales y religiosos.

Existe un hecho sociológico ampliamente constatado: desde hace tres decenios, nos encontramos ante la "desprivatización" de lo religioso y la existencia de "religiones públicas". Las tradiciones de creencias religiosas y comunidades de creencias religiosas populares (semana santa, romerías, cofradias...etc) han adquirido una significación política nueva e inesperada, intentar privatizarlas desde el Estado no tiene ningún sentido, ni es legítimo en un Estado democrático liberal. Por otro lado, ignorar desde un prejuicio antirreligioso este hecho y actuar como si no existiera constituye una irresponsabilidad que ha dado al treste a mas de una incipiente democracia o un sistema político (ver la I y II Republicas española).

Ante esta realidad, es necesario plantear un debate público sobre cuáles son las condiciones para la intervención de las religiones y las comunidades religiosas en la esfera pública con el fin de preservar la laicidad del Estado, mantener el pluralismo y hacer posible el desarrollo de la libertad de la libertad religiosa positiva (despliegue de la religión en al esfera pública y de la libertad religiosa negativa (derecho de los no creyentes a no ser invadidos y dominados por las religiones y sus instituciones).

¿Qué papel les está permitido desempeñar a las tradiciones religiosas y a las comunidades religiosas en la sociedad civil y en la esfera publico-política y, por consiguiente, en la formación política de la opinión y de la voluntad de los ciudadanos?.

La influencia positiva de la religión y de las creencias religiosas no privatizadas en el desarrollo de los movimientos sociales, las luchas por los derechos humanos y la radicalización de la democracia, incluso existe una inspiración religiosa en la génesis de algunas organizaciones socialistas. Las iglesias en diversos países de todo el mundo reaniman la democracia con sus intervenciones públicas, no en vano, los obispos norteamericanos plantearon un gran debate nacional hace años sobre la justicia económica y la implicación del país, en el rearme y la militarización mundial.

Lo único que no tiene que hacer la religión oficial es mantener lazos con partidos políticos que van a usar a la religión como plataforma de sus aspiraciones de poder.