A veces se ha discutido la relación de Jesús con los celotes, entendidos como un grupo de resistencia armada en contra de los romanos.
La cuestión está mal planteada a la luz de las investigaciones actuales. En Galilea en tiempo de Jesús no había un grupo de esta naturaleza. La situación fue progresivamente deteriorandose a partir de los años 50 hasta desembocar en una guerra, que acabó con el incendio del Templo y de la destrucción de Jerusalén en el año 70.
Es cierto que a Jesús le condenaron a la cruz, un patíbulo que los romanos aplicaban a los subersivos políticos, pero que también aplicaban, con mucha facilidad, a presuntos bandidos o a quienes disturbaban el orden establecido.
Recordemos que Jesús no usa la violencia contra los romanos cuando en Mt 26,51-54 podemos leer: "Vuelve la espada a su sitio porque todos los que empuñan la espada a espada moriran"
Se negó a la destrucción imaginativa del adversario y a invocar a Dios para librarse de los adversarios como podemos leer en Mt 26,53: "¿Piensas que no puedo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?".
Hay textos del A.T. y del cristianismo primitivo que piden la no violencia ante el agresor porque confian en que será Dios quien castigue en el juicio:"Sin devolver a nadie el mal por mal...No tomando la justicia por nuestra cuenta..., dejad lugar a la Cólera, pues dice la Escritura: mia es la venganza, yo daré al pago merecido, dice el Señor" (Rom 12, 17-19) (Prov 25,21-22).En cambio Jesús jamás habla del castigo que le espera al agresor por parte de Dios para justificar el no responder al mal con el mal. No transfiere la violencia, sino que la purifica radicalmente.
Por eso, Jesús, nada tiene que ver con el célebre grupo de los Celotes, al que si puede pertenecer Judas Izcariote, el cual se adherió al grupo de Jesús esperando en él a un liberador de Israel o un mesías batallador y guerrero y al darse cuenta de su error, lo vendió por treinta monedas de plata.

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