Pues que San Agustín no fue un dechado de virtudes en su juventud es algo que a estas alturas todos sabemos...pero el hombre siempre tiene derecho a rectificar y cambiar de vida.
Agustín al convertise al cristianismo renunció a la lujuria, a la codicia y a la ambición...¡pero aun le turbaban los sueños eróticos! ¿a quien no?....Culpaba de ello a sus experiencias pasadas que habían llenado "las grandes salas de su memoria", como díría después en sus escritos, sobre las cuales su subsconciente no tenía ningún control. Era reacio a disfrutar de la comida y la consideraba una medicina necesaria, excepto en las fiestas especiales. Tampoco le tentaba la bebida, pues recordaba las advetencias de su madre de cómo, cuando era joven, cayó en la costumbre de beber alcohol.
Lo que peor llevaba San Agustín eran los sueños que tenía realizando el coito y entregado a una vida licensiosa y trataba de disciplinar la mirada lujuriosa de su juventud y cambiarla por un aprecio del mundo natural. Para él la "luz interior" era lo más importante, y parece que tuvo mucho cuidado con dar rienda suelta a sus sentidos. Los aromas dejaron d einteresarle y de atraerle, pero encontraba cierta música encantadora, especialmente la que le recordaba a su ciudad de Milán...
Todo ser humano, incluido Jesús de Nazaret tiene las tentaciones propias de la persona, unos la doblegan mas que otros...pero ahí os dejo dos ejemplos de superáción....uno fue hombre en todo como los demás hombres, pero sin pecado y con tentaciones y el otro un disoluto que por amor a Cristo llegó incluso a ser un santo padre de la Iglesia.