Hace algunos años el Gallo, (20 años)estaba en una gran asamblea de cristianos-católicos y enmedio de una gran avalancha de opiniones de lo bueno que eramos, de lo floreciente de nuestra Iglesia, de la vitalidad de la Institución, del peso en la sociedad queteníamos,se me ocurrió decir que había que andar con ojo avizor porque las cosas no iban a ser todo lo buenas que estaban siendo, por ello fui amonestado por un monseñor de forma airada.
En aquel momento el Gobierno de FelipeGonzález, tenía una cierta consideración con la Iglesia, había la inquietud del Concilio aun entre los cristianos, se buscaba alJesús histórico con avidez,los jóvenes se comprometían, aun las parroquias estaban llenas en las misas, había muchos movimientos de jóvenes en ellas, los colegios religiosos tenían un poder bastante bueno de convocatoria, pero ya se veía venir este bajón en general.
La existencia de seminarios vacios es una muestra, las congregaciones religiosas no tienen aspirantes a sus vocaciones, y no hablo de las pequeñas congregaciones, hablo de Dominicos, Franciscanos,Salesianos, Maristas, Sagrados Corazones, Capuchinos e incluso Jesuitas, que han visto mermados sus ingresos vocacionales.
Todo tiene su sentido porque las gentes de la calle han visto como la Iglesia Oficial se ha dividido en dos bandos irreconciliables: los extremistas ortodoxos, los cuales llevan por bandera la intransigencia, sin pensar en el daño que pueden hacer y otra Iglesia mas libre, mas evangélica que camina a la luz del propio Evangelio y que no se deja manejar por la jerarquía, pero que es minoría y si se siente incómoda tira la toalla y dedica sus esfuerzos a otras actividades, que sin tener el marchamo eclesial, es lo suficientemente evangélica como para volvarse en un proyecto.
Los extremistas, llamemosles: Opus Dei, Legionarios de Cristo, Kikos, etc...en vez de darle vitalidad a la Iglesia lo que han hecho es enfrentarse con su actitud a todo el que no piense como ellos, aunque bien es sabido que dentro de esas opciones cristianas, hay personas magníficas y de buena fe que no tienen la fuerza suficiente para separarse de esa situación o de disentir de las cosas que ven mal.
Juan XXIII y Pablo VI, abrieron al mundo la posibilidad de vivir enlibertad y en conciencia. El mundo ya era adulto yno había motivos para ser dirigidos desde el temor, la condena en el pecado, las soflamas de terror de algunos religiosos y obispos.
Algunasiglesias nacionales se habían aliado con los gobiernos y cumplian fielmente con las directrices de estos, pero el Concilio Vaticano II, vino a cambiar aquellos sintomas politizados, porque cualquier fundamentalismo, en cualquiera de sus formas, sea el islam, cristianismo o hinduismo, lo que hace es politizar la religión, y eso es a lo que se desea volver desde las intancias de la mayoría de la jerarquía eclesial.
Todo parecía indicar que el EspirituSanto volaba alto, hasta que llegó a la silla petrina Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI.
Ya durante el dilatado pontificado de Juan Pablo II, el retroceso de la Iglesia hacía su conservadurismo fue manifiesto, lo que hizo que jóvenes con vocaciones fuertes y que se sentían comprometidos, se apartasen de la Iglesia para entregarse a causasmás radicales en otros ámbitos de la vida, con lo que llegó las desbandada de vocaciones.
Los seminarios (hablemos solode los españoles), van en franco retroceso, no es atractiva la vida para los jóvenes...unas diócesis van contra otras, unas son consecuentes conlos postulados del Concilio Vaticano II y tiene a sus profesores y formadores en esta línea, otras quieren volver al Concilio de Trento, donde se encuentras más cómodas y creen que tienen más poder, pero la realidad es que hacen huir a los jóvenes.
La sociedad en general ve las grandes diferencias que existen en la iglesiay le está volviendo la espalda a la Institución, de tal forma que la media de edad que acude a los eventos eclesialeses de 50 años, nada más que hay quedar una pasada visual en las misas dominicales.
Los seminarios mal viven en su penuria, algunos ningún seminarista, otros con dos o tres, los obispos haciendo sus apartados y en vez de aglutinarse entre ellos, hacen la formación de una pobreza absoluta, dándose la paradoja de que en algunos seminarios existen treinta profesores para seis seminaristas y de estos algunos ni siquiera terminan de estudiar. Ya ha pasado el tiempo en que había que poner coto a los ingresos por no tener sitio físico a tener que anualmente cambiar de estrategia en las pastorales vocaciones para captar a uno o dos y a veces ni siquiera eso y no digamos de los Institutos Religiosos.
Creo sinceramente que esto se termina, no digo que la Iglesia muera aun, pero si que la están matando con los fundamentalismos a ultranzas y que ya no tiene el peso que antaño tenía en la sociedad, por desgracia no tiene enemigos fuera, la Iglesia ella sola se está suicidando poco a poco por la intransigencia y por la poca visión de la vida, unido a sus dogmáticos pronunciamientos.