Para empezar la rebajaría a los mínimos más minimos y no le añadiría ni un solo milímetro...empezando por mi mismo, que soy Iglesia, la reduciria a lo esencial, a su identidad del resto, algo así como el resto del resto de Israel.
Pero si reduciría la herrumbe, toda su impureza, empezando por la mia propia, pues estoy de vuelta de la enésima prostitución en el cuerpo y en el alma y sin embargo Dios me sigue denominando virgen de Israel.
Y me sigue denominando virgen porque no me dejo contaminar por la palabra del hombre....me dejo contaminar por la PALABRA del -Evangelio.
Y si el Evangelio me prostituye....¡bendito sea el evangelio que me hace prostituto y virgen!