Ir muriendo de amor, de abril o mayo,
es ¿caminar? ¿nadar? este camino.
Queda Triana en su luz empavonada,
entre claveles y ojos enamorados.
Sevilla brillante, esmerilante,
pórtico halagador, ángel cobrizo.
Mirando hacia Triana,
ya es atajo de hermosura,
barba de adobe y sangre por el río.
Guirnaldas naranjeras, ruiseñores,
un estremecimiento repentino
de jazmines y adelfas definidos,
clarín de luna, transmitar del mirlo,
nostalgia de romanas azucenas....
sentimos giraldillos de sangre
por los pulsos....como reyes
con escalofríos.